Apuntes:

Supercool

Por Iván Pinto Veas

Biografía +
Crítico de cine, investigador y docente. Licenciado en Estética de la Universidad Católica y de Cine y televisión Universidad ARCIS, con estudios de Comunicación y Cultura (UBA, Buenos Aires). Editor del sitio http://lafuga.cl, especializado en cine contemporáneo. Editor dehttp://elagentecine.worpdress.com, blog de comentarios y crónicas de cine. Colaborador de diversos medios nacionales e internacionales. Ha realizado clases en varias universidades nacionales, entre ellas: Universidad de Valparaíso, Universidad de Chile, Universidad Católica, UMCE. Entre los temas que desarrolla se en docencia, se encuentran: historia y estética del cine latinoamericano; historia y teoría del cine documental; crítica de cine. Actualmente realiza los cursos “Cine contemporáneo” en la Escuela de cine ICEI, y “Sensibilidad contemporánea” en la escuela de cine de Chile. Crítica de cine en Diplomado de teoría y crítica de cine (UC) y en Diplomado de escrituras críticas (UCV) Co- editor de la antología sobre Raúl Ruiz "Fantasmas, simulacros yartificios" (Uqbar 2010), y de “La zona Marker” (Ediciones Fidocs, 2013) en torno a la obra del fallecido Chris Marker. Ha colaborado además en diversas publicaciones sobre cine chileno y latinoamericano entre las que destaca su participación en los libros “El Novísimo cine chileno” (Uqbar 2011) y “Prismas del cinelatinoamericano” (Cuarto Propio, 2012). Durante el año 2013 y 2014 programa junto a Claudia Aravena el ciclo “Visones Laterales” de cine y video experimental en Cineteca Nacional de Chile . Actualmente: cursa Doctorado en estudios latinoamericanos (Universidad de Chile) y es becario Conicyt. Durante el primer cuatrimetre del 2015 se encuentra realizando un seminario en la Universidad Nacional de Cordoba sobre cine latinoamericano.
 
 

 

Daría para bastante más, pero creo que parte de lo más interesante en términos de cine, hoy, se encuentra inserto en lo que podríamos llamar una dinámica de apropiaciones y sistemas de reenvío. Al mito del genio o la originalidad, ciertas cintas contraponen asertividad, concreción y lucidez haciendo circular ideas específicas en formatos específicos, reapropiándose de géneros, imágenes y signos para otorgarles otros significados, diferentes a los de su uso habitual.

El caso de Supercool es un caso privilegiado al respecto. Metida de llena en lo que podríamos llamar Coming of age comedy, teen comedy o gross-out comedy , en la que podrían caber cintas que van desde Porky´s a American Pie o El ataque de los nerds , esta cinta exige del espectador un código de lectura doble: una que se encuentra de lleno en un nivel diegético , es decir, presentación de personajes y argumento central; y otro en el de un nivel discursivo , en cuanto a qué mecanismos utiliza por un lado, y con qué sentido, por otro.

En el plano de la trama argumental, la cinta la protagonizan Evan y Seth, dos personajes “disfuncionales” que se nos presentan como una clásica pareja de adolescentes, ansiosos de experiencia sexual, cuyas conversaciones giran en torno a la orgía , las fiestas y las chicas; y de quienes, desde un primer minuto, esperaremos algún tipo de debut sexual , propio del género. Idas y vueltas: la promesa del debut queda colocada en una gran fiesta donde irán las dos chicas del colegio deseadas por ambos y con quienes se comprometen a llevar el alcohol gracias al falso documento de identidad conseguido por Fogell, un clásico geek matemático y algo colgado en la imaginería infantil, amigo de ambos. Por otro lado Evan parece ser un tipo más bien tímido, y Seth un gordo, pero ocurrente para el humor , y aunque entre ambos existe una especie de compromiso amistoso, dicha afectividad se encuentra bloqueada detrás de la ironía y el chiste negro propio de la adolescencia.

Ahora bien, el trabajo de Mottola (director, antes “Deseos y sospechas”, que hemos podido ver en Chile hace un par de años) empieza aquí: si tanto la promesa como promesa de adquisición (de un cuerpo), como el objeto de deseo (el estereotipo rubio, alto, siliconado), son los motores para una codificación sexualizada de los signos, Mottola intenta hacer de promesa y objeto elementos para intervenir tales signos de forma quirúrgica sin caer en algún tipo de moralismo. El habla verborréica de Seth (pero, antes, el inteligente trabajo de diálogos y rápido humor), sus obsesiones y delirios, nos hacen percibir las fallas que por lo general no se encuentra n dentro del programa de las teen movies ; de hecho tanto la promesa de adquisición como el objeto de deseo son corridos de su eje. La promesa de adquisición es reemplazada por la disfuncionalidad sexual de lo supuestamente funcional (aparición, entonces, del rostro y el cuerpo del otro), el objeto de deseo por un corrimiento del estereotipo (las chicas antes de “ser” chicas siliconadas, se nos muestran como un “querer ser”, algo frustrante para ellas ; por otro lado, el trabajo de casting nos presenta cuerpos más bien fuera del standard teen movie, y más cerca de la realidad de aquella clase media americana que se intenta retratar e identificar). El juego de ese querer ser no es opuesto a una “esencia identitaria” (acierto del guión) , si no a la estrategia. Los personajes no pasan por un proceso de crecimiento y madurez propio de la comedia iluminista, sino, más bien , la adultez se presenta como la asimilación de la falla en el programa de la nitidez y la identidad como una estrategia de sobrevivencia. Visto así, la pregunta por el margen no pasa por su positividad (ser nerd es cool ) ni por su negatividad (ser nerd apesta ) si no por mantenerse como fallas : no hay resolución (aunque el objetivo “chica” esté cumplido), pero si circulación.

Mottola trabaja sobre las superficies lingüísticas (los tics y gestos del habla), las imágenes repetidas hasta el cansancio (penes dibujados en todos los estilos y tamaños, calzones que se asoman sobre el pantalón, la masturbación), estereotipos (matones, nerds, gordo simpático) pero no los transgrede, simplemente los trastoca en su obsesiva repetición.

Hay dos elementos más que llaman la atención: el delirio propio del género (que en Mottola está siempre al servicio de las acciones que se suceden y no a efectos de cámara ni de música ni de montaje, es decir, más cerca del gag cinematográfico que de la televisión) le sirven a Mottola para mostrarnos a una pareja de policías alucinados con el poder que ejercen, que se emborrachan y disparan al aire (la ley, aquí, antes que una institución parece un delirio, un juego estúpido en manos de lunáticos irresponsables), y, por otro lado, la sutil presencia del tópico homosexual, punto clave para lo que hemos llamado una política del trastocamiento (apropiación y reenvío): este, aunque no explica todo (y presente como está en toda la película, como miedo al otro, como silencio o chiste indirecto), aparece como el fenómeno extraño, el ruido de fondo que da un posible sentido a los conflictos de los personajes. Sin embargo, en el trabajo, por un lado sutil, y natural de la cuestión (en el marco de una relación de mejores amigos), y, a su vez, desmitificado (trabajando contra el tópico “homosexual divertido”, propio de las teen movies, y, visiblemente, haciendo una referencia directa al falo como eje simbólico de este posible conflicto), el trabajo sobre los procesos afectivos de los personajes (donde ya toda adquisición “del objeto” pierde sentido) no se resuelve en una adaptación fácil (aunque ambos terminan con sus respectivas chicas), si no, en una interrogante, simple y efectiva: ¿soy lo que quiero ser?

Una política de la identidad, entonces, una sustracción al estereotipo en el marco de su imposición. Si la teen movie forma parte de una mercado-bio-política de los cuerpos, la apropiación estratégica reenvía su sentido hacia otros ordenes simbólicos, trabajo sutil de desmarcamiento en el marco de la regulación de las ficciones.

 

 
Como citar:
Pinto Veas, I. (2008). Apuntes: , laFuga, 6. [Fecha de consulta: 2017-06-24] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/apuntes/119