Batalla en el cielo

Recodos y tartamudeos

Por Juan E. Murillo

 
 

La sección más freak del BAFICI 2006 fue, sin duda, “latinos malditos”, y en ella destacó un mediometraje mexicano titulado Recodo del purgatorio, de José Estrada. La obra, que en su época (1975) sólo fue exhibida durante una semana en un ciclo organizado por la Cinemateca mexicana, fue censurada e incluso autocensurada por su propio autor ¿Las razones? Quizás porque narra -aunque narrar es mucho decir-, lo que le pasa a un hombre que ha ido a matarse a un motel. Mientras suena la música de Marlene Dietrich, se toma muchos somníferos. Luego de tomar el último entra por la puerta un cura. Sin muchos preámbulos, el prelado se monta encima del hombre, desembucha su miembro y se lo pone al otro en la boca “a piacere”. Luego llegará la madre, que le permite lamerle las tetas. Llega el turno del padre, un mexicano a lo mero macho, que lo violará. Acto seguido, un militar le cagará encima y, si mal no recuerdo, también lo sodomiza, entre los chillidos y contorsiones inútiles del vejado protagonista. Todo sucede en la pieza del motel, tras los somníferos. Apariciones, probablemente. No hay que hilar muy fino para descifrar que se trata de una “cruda” crítica generacional, “una obra límite, de una valentía desesperada, casi intolerable, obstinada en desmontar todos los discursos institucionales de la historia de México”, como leo textualmente en el catálogo BAFICI.

Ahora bien, mientras el vínculo entre el título de Recodo del purgatorio y la película misma es bastante obvio, no pasa lo mismo con la cinta de Carlos Reygadas. Y es que, pese a que Batalla en el cielo es una película donde fácilmente podríamos ver escrito en su afiche una advertencia sobre “sexo explicito”, no hay nada explícito, menos el sexo, porque no hay tal, no hay sexo. Es decir, no hay un vínculo, no hay una imagen tolerable sobre la cual podamos decir que dos personas tienen sexo, por mucho que en la primera escena veamos la “explícita” felación de una adolescente, agachada frente a un hombre obeso, cuyo rostro mestizo no demuestra la más mínima reacción frente a este ni a otro estímulo. Y es que desde esa primera escena se ha roto el vínculo sensormotriz de la imagen-movimiento; aquel hombre no siente nada y ella tampoco, ni siquiera las lagrimas con las que termina su acto corresponden a una respuesta; y esto poco tiene que ver con el esteticismo de la puesta en escena, pues, aunque suene paradójico, el acto es explícito, no hay sutilezas. Lo que sucede es que la sutileza no está en como encuadran al hombre ni en como encuadran a la chica, ni como esta fotografiado el conjunto: lo fundamental de la escena es la Y . El gordo chicano y la chica bonita. Hay algo inusual y perverso en esa relación, algo que no pertenece a ninguno de ellos por sí mismos sino que a una imagen mental; un intercambio, un regalo entre ellos, en último término Dinero. Y el logro de esta cinta, creo, radica en hablar del dinero sin mostrarlo, sino en usar para ello relaciones que se alteran y transfiguran cuando pasan por esta Y (1). Ana tiene sexo con Marcos por capricho, o por piedad y se prostituye con otros hombres por diversión; Marcos y su mujer secuestran a un niño por verdadera necesidad. En cualquier caso, el dinero permite u obliga, atraviesa todo, separa y mezcla cuerpos incompatibles, intercambia roles, precipita revoluciones, derrama sangre.

Por otro lado, Batalla en el cielo recuerda tanto a Fassbinder porque como él, Reygadas se permite ese tiempo aparentemente muerto para exponer una relación entre dos o más personajes, como si quisiera filmar el intersticio, esa imagen mental o duración que abre el conjunto aparentemente cerrado de un encuadre. Como en El angustia corroe el alma, cuando la mujer mayor entra al baño en el momento en que su joven esposo marroquí sale de la ducha, contundentemente desnudo y ella le dice “que bello es usted!”. Cualquiera comprende que lo que ha pasado en ese encuadre, aún si hubo auténtica felicidad, no durará más. Batalla en el cielo está llena de esos momentos; las escenas de cuerpos teniendo sexo son patéticas porque son melodramáticas, y no porque los cuerpos exhiban estrías, várices, obesidad, o, en el caso de Ana, todo lo contrario. Es muy posible que a mucha gente le parezca una película grotesca, porque obliga al espectador a sentirse incómodo, asqueado. Pero insisto en que la búsqueda va más allá del encuadre “actual”, se prolonga a otra dimensión, cuarta o quinta, una espiritualidad, la vida misma. Leo un precoz artículo de Fassbinder dedicado a seis películas de Douglas Sirk. Al analizar Imitation of Life (aunque su estilo es más bien una descripción emotiva) se detiene en una escena famosa, la de Juanita Moore visitando a su hija, Sarah Jane, en el burdel donde está ha decidido escapar. El drama es que Juanita es negra y su hija blanca, cosa que ella nunca le ha perdonado. La madre ha ido para despedirse, no la buscará más, quiere que sea feliz. Dice Fassbinder que lo más terrible es que “cuanto más cruel y malvada es Sarah Jane con su madre, más patética y lamentable es esta”. Cuando finalmente madre e hija se abrazan y se dicen, por última vez, que se aman, Fassbinder dice, simplemente, “en este momento lloran todos los espectadores. Porque es difícil cambiar el mundo” (2). La película de Reygadas sólo plantea un desplazamiento de esta “imitación de la vida”, pues ahí donde, en vez de llorar, todos los espectadores se incomodan, es porque sigue siendo difícil, y aún más, cambiar el mundo.

(1) Esta idea la desarrolla Deleuze en su libro Conversaciones, cuando reflexiona sobre una serie para la televisión que Godard hizo en 1976, llamada “6x2”. Deleuze se refiere al tartamudeo de Godard, ese “y, y, y”, que lo convierte en extranjero de su propia lengua. Según Deleuze, es en este tartamudeo creativo, en la soledad del que hace tartamudear al propio lenguaje, donde radica la verdadera fuerza de Godard. Algo de ese tartamudeo también está presente en los protagonistas de “Batalla en el Cielo”. Mexicanos que deben ser subtitulados para los propios mexicanos, extranjeros de su propia representación, de su propia imagen.

(2) R.W Fassbinder. Ed. JC

Título: Batalla en el cielo

Director: Carlos Reygadas

País: México

Año: 2005

 

 
Como citar:
E., J. (2005). Batalla en el cielo , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-03-26] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/batalla-en-el-cielo/137