Coffee & Cigarrettes

La Conjura de los Trasnochados

Por Juan E. Murillo

 
 

En un breve ensayo sobre el cine de Jarmusch, David Oubiña subraya la casi indiscutible vocación independiente, incorruptible y rebelde de este director nacido en Ohio, cuyo segundo filme, “Stranger Than Paradise” fue comenzado gracias a que Wim Wenders le regalara el material virgen sobrante de la película “El Estado de las Cosas”. Más adelante, Oubiña reproduce cierto esbozo de manifiesto del propio Jarmusch, inspirado por los consejos moribundos y sacramentalmente viriles de Nicholas Ray; “Un cine que se pueda rodar libremente por las calles y decorados naturales, con un grupo de actores y técnicos suficientemente pequeño como para escaparse rápidamente en el caso de que se presente la policía” [1]. Palabras más, palabras menos, en esencia es el mismo principio que abrazó la Nueva Ola francesa, el Free Cinema o el Dogma 95, sólo que convertido en chiste gracias a ese humor pragmático del estadounidense recién avecindado en Nueva York.

Cada uno de los cortometrajes que componen la versión final de “Coffee and Cigarettes” (recordemos que el primer C&C; fue estrenado en 1986 como un cortometraje unitario, el de Benigni, que incluso ganó Cannes) reafirman una vocación contestataria y separatista, más aún cuando cada cortometraje proclama su absoluta independencia respecto del propio filme hacia el cual deben sus actores, equipo técnico, locación y presupuesto. En este sentido, cada cortometraje es un escape, no ya de la policía, si no del mismísimo filme, el que a su vez se halla en constante asedio y vigilia; una fuga de “la” película y sus estrictos y sacrificados compromisos, pequeño ladronzuelo que socializa los tiempos muertos de rodaje, goloso acumulador de descartes, en todo caso distraído artesano que, equipado de su herramienta esencial, es capaz de construir con ella tanto una casa como de reparar una bicicleta abandonada que puede servirle para volver a su hogar por un camino distinto.

Y, sin embargo, percibimos ya el voluntarismo del rebelde que persiste vivir en una casa Okupa cuando todos saben que paga arriendo. A diferencia tal vez, de Hal Hartley, Jon Jost o Rose Troche, quienes probablemente siguen sin tener permisos de filmación, a Jarmusch nadie le prohíbe nada estas alturas, nadie lo corretea por las calles. Al contrario, es el mismo quien se auto-impone un hipotético último cigarrillo en “Blue in the face”, de Wayne Wang. Los propios personajes de sus cortometrajes no son ya aquellos excesos o residuos de cierta sociedad post-hippie, pre-punk o lo que sea; Bill Murray está gozando del “comeback” de la década; Tom Waits e Iggy Pop ocupan un reverencial proscenio generacional, y no les va nada mal en las listas Grammy o Billboard; Roberto Benigni, bueno…; los White Stripes vinieron a Chile. Es una película que ha devenido de urgencia a testimonio, de descarte a compilación, algo así como un especial “25 años de éxitos” hecho con demos caseros.

Y es curioso notar la semejanza formal que se produce en el seno de una diferencia insalvable, casi melancólica, entre la segunda película de Jarmusch (hecha ella misma con descartes vírgenes de otra película) y Coffee & Cigarettes; en efecto, Stranger Than Paradise consiste en una serie de episodios o cortometrajes separados por un intervalo de imagen a negro, filmados en una sola toma fija que damos por llamar escena. Al igual que en Coffee & Cigarettes, donde la única unidad narrativa o temática se da con la presencia en todos los cortometrajes de cigarrillos y café (menos en uno), con Stranger Than Paradise se puede pensar que la única constante entre cada plano-secuencia-escena es la presencia de tres personajes, Willie, Eddie y Eva. O, yendo más lejos, que cada toma es una variación, una saturación de un elemento deliberada y exasperadamente expresado; el tiempo. Pero he aquí el abismo; mientras Stranger Than Paradise nos impone la banalidad de su trama para llevar al extremo “esa imagen en la que el cine ha sido reducido a su mínima expresión, pero en la que adquiere un punto de máxima condensación de significado” , en Coffee & Cigarettes se busca la máxima dramatización, la mayor cantidad de “peripecias” o alternativas que puedan llegar a tener lugar en una unidad espacio-temporal; en concreto, hay una enfrascada y hasta forzada necesidad de entretener, de descomprimir y catalizar una situación opresiva de por si. Por eso quizás incomodan tanto aquellos dos cortometrajes que condensan y “aburren”; “Renee” y “No Problem”, que además van juntos.

Ahora bien, es cierto que no podemos darle tanta importancia, o exigir seriedad, cuanto menos coherencia autoral a estos escapes o caprichos fílmicos, lo mismo que sería ridículo pedir a los técnicos de una filmación que conserven una actitud solemne y panegírica de la película que están filmando cuando hacen un break para fumarse un cigarrillo y tomarse un café.

De hecho, espero que el propio Jarmusch tenga aún cierta capacidad de contradicción y rebeldía ante sí mismo para mandar al carajo ese último cigarro y condenarse.

Los nueve cortos que conforman la película son Strange to meet you , con Robert Benigni y Steven Wright; Twins , con Joie Lee, Cinqué Lee y Steve Buscemi; Somewhere in California , con Iggy Pop y Tom Waits; Those things’ll kill ya , con Joe Rigano, Vinny Vella y Vinny Vella Jr.; Renée , con Renée French y E.J. Rodríguez; No problem , con Alex Descas e Isaach de Bankolé; Jack shows Meg his tesla coil , con Meg White, Jack White y Cinqué Lee; Cousins , con Cate Blanchett en un papel doble; Cousins? , con Alfred Molina y Steve Coogan; Delirium , con GZA, RZA y Bill Murray; y Champagne , con Bill Rice y Taylor Mead

 

[1] Filmología, de David Oubiña. Editorial Manantial, 2000.

 

 
Como citar:
E., J. (2005). Coffee & Cigarrettes, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-04-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/coffee-cigarrettes/155