Confidencialmente tuya

Por José Román

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Ir a: Presentación José Román. Entrevista a José Román. Originalmente en: Revista Enfoque, número 2, verano-otoño, 1984.
 
 

Cuando Truffaut, el crítico apasionado de Cahiers du Cinéma, reivindicaba el cine norteamericano de género, no hacía sino afinar su propio instrumental creativo. Tampoco su extensa entrevista a Alfred Hitchcock, que se tradujo en un libro (Le Cinema Selon Hitchcock), era un puro trabajo teórico. Allí él veía a través de los ojos del maestro inglés su propia concepción del cine.

Se suele dividir, al menos metodológicamente, la obra de Truffaut en tres tipos de filmes: las consideradas piezas “mayores”, por la intensidad de los valores puestos en juego y el logro de una poética que lo situaba al nivel de los grandes maestros del cine: Los cuatrocientos golpes (1959), Jules et Jim (1962), Las dos inglesas y el continente (1971), La historia de Adele H. (1975), La mujer de la próxima puerta (1981); el de las historias amables que privilegiaban la dimensión lúdica, el placer de narrar: La hora del amor (1968), Domicilio conyugal (1970), La piel dura (1976), El amor en fuga (1979); y a medio camino entre los dos, sus elaboraciones en torno al género negro: Disparen sobre el pianista (1960), La novia vestía de negro (1967), La sirena del Mississippi (1969).

En este último grupo se ubica Confidencialmente tuya (1983), aunque por su humor y recurrencia al juego, podría ser situado también entre los leves divertimentos del realizador. Basada en una novela de Charles Williams (The Long Saturday), un poco conocido autor del género negro que se suicidara hace algunos años, la película testimonia el placer de Truffaut por la precisión del relato, el juego de equívocos y dobles vueltas y las emociones a flor de piel característicos de ese género. Nunca antes el director galo había hecho tan explícitas las referencias a sus modelos: fotografía en blanco y negro, iluminación de contrastes y contraluces, ambientación preferentemente nocturna, abundante diálogo, condensación de la acción en unas pocas horas.

La filiación con Hitchcock es, desde luego, directa. Hay un falso culpable acosado, una muchacha que debe salvarlo y un proceso de redención movilizado por el sufrimiento que ocasiona el peligro. Como ocurría a menudo en el cine del maestro inglés, Vercel, el protagonista de Confidencialmente tuya es un burgués insensible y habituado que vive una conflictiva relación con su mujer. El asesinato de ésta y de su amante lo involucra directamente y lo hace aparecer como el más probable culpable. En medio de las sospechas de cuantos lo rodean, Vercel sólo recibe ayuda de su secretaria, Bárbara, una muchacha a la que acababa de despedir arbitrariamente.

Todo el comportamiento de Vercel es regido por la ambigüedad y Jean Louis Trintignant compone un personaje tan sinuoso como el que representaba Cary Grant en Sospecha (Alfred Hitchcock, 1941): nunca podemos estar seguros si domina en él el ángel o el demonio. Bárbara, interpretada por Fanny Ardant, es más bien una heroína de Howard Hawks: empecinada, tenaz, decididamente leal y bastante más entera que su “partenaire”.

La progresión en la relación de esa pareja, en medio del peligro permanente, las maniobras clandestinas y los constantes mecanismos de simulación, se basa en un complejo e inteligente juego en que se invierten a menudo los roles: la mujer, que además es la subalterna social, termina por dominar las situaciones, mientras el hombre, desposeído de su mando y hasta de su identidad, se transforma en dependiente de una relación en que predomina la lealtad, la piedad y finalmente la ternura.

Como en la comedia clásica norteamericana de los años cuarenta, una antipatía inicial, fruto de las relaciones laborales y las deficiencias individuales, va transformándose progresivamente en una afinidad amorosa, a medida que la aventura va humanizando a los personajes. En este proceso, el humor juega un importante papel. Un relato extremadamente ágil en que los mecanismos habituales de la lógica causal son intervenidos por pinceladas de humor del absurdo y un juego en que los personajes hacen frecuentes guiños de complicidad al espectador, despojan a la historia de toda gravedad y establecen un distanciamiento en que el autor pareciera hacerse presente a cada momento, enseñándonos cómo se narra cinematográficamente una anécdota. El filme constituye también —y tal vez no sea esto lo menos importante— un encuentro entre la realidad afectiva del realizador, unido a la actriz Fanny Ardant y sus ensoñaciones cinéfilas, al transformarla en una heroína al estilo de las que dominaban con su inquietante erotismo el cine que más amó.

 

 
Como citar:
Román, J. (2012). Confidencialmente tuya, laFuga, 14. [Fecha de consulta: 2017-08-17] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/confidencialmente-tuya/537