Contra la pared

En el borde

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.
 
 

Contra la Pared” es del cineasta turco-alemán Fatih Akin, desconocido hasta ahora en nuestro país y laureado alrededor del mundo por su anterior película “Im Juli” que lamentablemente no hemos tenido la oportunidad de ver. Akin se dedica a explotar la rabias de sus protagonistas, jugar con los cuerpos, con las sensualidades, con la cotidianeidad destructiva de un par de inmigrantes (o hijos de inmigrantes) tan alemanes como turcos: una hibridación cultural que cruza el relato oblicuamente.

Una banda de músicos a orillas del Bósforo, sobre un escenario hecho de alfombras y con Estambul como telón de fondo, abre la película y luego reaparece para separar capítulos y dar respiros. Treguas que apagan la ebullición de un relato intenso, a ratos excesivo. Esta es una historia de amor que se va formando a partir de escombros, del aseo que se hace a la mañana siguiente de una noche de juerga. El argumento es el siguiente: Sibil y Cahit se conocen en una clínica. Ambos han tratado de suicidarse. Él está básicamente solo –un par de amigos- ella ha deshonrado a su familia con este intento de suicidio. Sibil ve a Cahit como un medio para escapar de su familia, y le pide que se casen, no para formar una nueva, sino para acceder a una libertad que desconoce. Quiere salir por las noches, bailar, hacerse un tatuaje, ir a un parque de diversiones sola escuchando música a través de audífonos. Obsesiones que se instalan como consecuencia de una estricta educación musulmana.

Como sus personajes, el relato de Akin es obsesivo y la velocidad de la narración va dependiendo de su frenetismo. “I feel you” de Depeche Mode satura los parlantes –de un auto, de un bar, de la sala de cine- en los momentos en que se inserta algún quiebre en la historia. La música que le da forma al montaje, que construye sentido, sensaciones, que acentúa estados de ánimo.

Hay una suciedad, una oscuridad que inunda la pantalla -excepto por la banda, que aparece de tanto en tanto, como una postal, a orillas del río- una estética que a ratos se vuelve orgánica, como si todo fuera color piel. Un monocromatismo de la desnudez que se rompe sólo con el rojo intenso de la sangre que aparece cuando, en momentos de locura y autodestrucción, los personajes se cortan, en un extravío muy bien retratado: personajes que se mueven siempre al borde de la locura, sin necesariamente estar locos, sino más bien como una suerte de condena que de antemano los lleva al fracaso. Una lucidez mal enfocada que se desahoga con baile, con drogas, con música a toda su potencia. En esa coherencia truculenta Akin va soltando de poco a sus personajes al caos, un poco como Fassbinder y sus protagonistas decadentes y antisociales. Antihéroes que quieren, si no vencer la angustia, al menos olvidarla por un momento. Y eso acá se logra, empatizamos con Cahit, nos subimos a su auto, nos estrellamos contra el muro.

La luminosidad de Sibil cuando alcanza la libertad peligrosa y de doble filo -una felicidad que se desborda mientras descubre el mundo-, choca con la oscuridad constante de Cahit. Akin logra mantenerse alejado de sus personajes, de su historia, lo que ayuda a que este melodrama no nos manipule, como ocurre casi siempre con argumentos como éste (por ejemplo, “Requiem for a dream”, de Aronofsky, aunque los estilos de una y otra cinta disten mucho). Acá la factura, las tomas que a veces se congelan, los planos fijos, o los pacíficos paneos por Estambul en la segunda parte de la cinta, actúan como refuerzo a la historia que se cuenta, en una arritmia coherente con el orden de los acontecimientos. Es el orden de una tristeza ahogada en veinte, treinta latas de cerveza.

 

 

 

Título: Gegen die wand

Director: Fatih Akin

País: Alemania - Turquía

Año: 2004

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2005). Contra la pared , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-04-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/contra-la-pared/161