El cine de Amos Gitai en dos películas

El desgarro en un plano secuencia

Por Eduardo Nabal Aragón

 
 

Eden (2001) de Amos Gitai, como todo el cine de este fascinante e infravalorado realizador israelí, es una narración pausada, en ocasiones de un buscado estatismo y morosidad narrativa, pero nunca lo es de un modo gratuito. Es necesario penetrar en las coordenadas rítmicas y espacio-temporales del que ha sido uno de los retratistas más fidedignos e implacables de los cambios efectuados en su país, viéndose incluso obligado a emigrar a Francia debido a sus feroces críticas contra la ortodoxia religiosa judía. El penúltimo filme de Gitai, que se ha consolidado como un autor de importancia para el público cinéfilo y sobre todo la crítica especializada gracias a la relativa buena acogida de su último trabajo Free Zone (2005), se basa sutilmente en la novela corta de Arthur Miller Homely Girl (Una chica cualquiera). El propio Miller hace un pequeño pero significativo papel como el padre del joven matrimonio y consejero de Kalman (Danny Huston), uno de los protagonistas masculinos del filme. Miller encarna la voz lúcida, profética y algo sentenciosa de los que se quedan en Alemania frente a la actitud práctica y fría de Kalman, que viendo la falta de perspectivas de permanecer en su país de origen se traslada a Israel con el fin de hacer negocios. En su ciego pragmatismo, el personaje de Huston avanza algo del carácter predador y decidido que veremos en Hannah, la mujer israelí de Zona libre dispuesta a todo, incluso a arriesgar su vida y la de otros, para recuperar el dinero que un hombre palestino le debe a su marido.

En Edén -título acertado en su mezcla de significación religiosa e irónica profecía- encontramos al matrimonio estadounidense formado por Dov (Thomas Jane), un  arquitecto comunista algo cegado por el idealismo, y Samantha (Samantha Morton), una joven melancólica y ensimismada que depende económicamente de él y le ayuda en la trascripción de sus cartas y otros escritos. Ambos se han trasladado a Palestina y ella está preocupada por la salud de su padre, pero apenas le escribe una vez cada dos meses. La relación entre los cónyuges se deteriora por la obstinación de él (quiere ante todo construir un país diferente del que se está erigiendo en realidad) y el progresivo aislamiento emocional, cerebral y sexual de ella -la secuencia del encuentro amoroso en la cama, uno de los largos planos secuencia del filme, está marcada por el desgarro y la distancia, la tristeza que separa a la joven pareja-. Inglaterra comienza a cometer abusos en el país y Dov se enrola en la brigada judía, dejando sola a Samantha. El tratamiento visual otorgado a ambos personajes vuelve a demostrar la alta sensibilidad plástica del realizador israelí. Dov siempre o casi siempre vestido de azul oscuro o negro y Samantha de blanco y sobre fondos pálidos, subraya la distancia y el desapego existencial entre ambos. En el personaje de la apocada pero intensa Samatha, abstraída por los recuerdos borrosos de felicidad familiar y endurecida por los cada vez más crudos acontecimientos, superada y a la vez incapaz de hacer frente a las circunstancias, vemos algunos de los rasgos que encontraremos en el personaje de Rebeca (Natalie Portman) de Zona libre; la desesperanza, la perplejidad, el escepticismo, el dolor íntimo y la necesidad de un posible escape.

Zona libre es una interesante reflexión sobre la huida y su imposibilidad. Nunca se puede escapar del todo, y menos en medio de conflictos que no parecen tener solución a corto plazo. Basta con acercarse a las noticias. Amos Gitai vuelve a demostrar su peculiar sensibilidad cinematográfica y su no siempre accesible narrativa en su último trabajo de ficción, la historia de tres mujeres muy diferentes unidas por las circunstancias y la adversidad. Una neoyorkina (Natalie Portman), una israelí (Hanna Laszlo) y una palestina (Hiam Abbass). El filme arranca con un largo primer plano secuencia de Rebeca (Portman) llorando desconsoladamente. Desconocemos totalmente el motivo de su tristeza, aunque sepamos que el conflicto palestino-israelí va a ser una de las claves del filme, algo así como el incómodo escenario que va a acabar, de un modo u otro, condicionando las vidas de las protagonistas. Rebeca llora en el interior del coche al que acaba de subirse, se ha separado de su prometido y ha roto con su insoportable suegra (un pequeñito papel de Carmen Maura). La lluvia que empaña los cristales apenas nos deja entrever que está frente a El Muro de los lamentos. Pronto entabla un diálogo difícil con la conductora del vehículo donde se ha introducido.  Sabemos que ellas dos ya se conocían, la conductora era la chófer de la familia de su novio. Rebeca quiere huir, salir de Jerusalén, y Hannah, una mujer israelí casada, con un marido herido grave en un atentado, tiene que ir ese mismo día a la free zone (un lugar de comercio libre de impuestos, cerca de Jordania) para recoger un dinero que pertenece a su marido. Las fronteras, marcadas por los hoscos, entrometidos y machistas soldados israelíes o por los mismos puestos palestinos son siempre un peligro ya que ella viaja ahora con una joven y despistada turista cargada de un voluminoso equipaje. La sagacidad y la tozudez de ambas mujeres, particularmente de la israelí, definida como valiente y algo áspera de carácter, les permitirá atravesar esos controles pero no derribar las barreras que separan a los seres humanos y que se pondrán particularmente en evidencia cuando entre a formar parte del viaje Leila, una mujer palestina de personalidad también firme pero de temperamento más dulce y reservado, la esposa del hombre apodado “El americano” que debe dinero a la israelí.

La alegoría parece clara pero el director no nos da una solución, ni siquiera nos obsequia con un posible final optimista, prefiere la ambigüedad. Gitai parece encontrar en los personajes femeninos un halo de esperanza para un mundo lleno de violencia y desesperación; varias de sus películas ocupan protagonistas femeninas, discriminadas por cuestiones de género que atraviesan fronteras geopolíticas, pone en las mujeres un punto de esperanza para un principio de solución o cambio, algo así como lo que hace su joven coetáneo Eytan Fox -en un registro muy diferente y mucho más ligero - en los personajes gays, más abiertos, tolerantes y receptivos que los heterosexuales en sus filmes. Gitai se dió a conocer con varios filmes duros y lentos en los que mujeres hebreas tienen conflictos debido a la intolerancia religiosa de su pueblo y se ha servido de ellas para narrar la historia de la gestación de su país como sucede en Edén.

La búsqueda de una identidad firme frente a las fracturas de las que se parte en un mundo dividido por la barbarie y la desigualdad está en el eje del último filme de Gitai en el que la misma Rebeca -que se erige en la mirada desconcertada del espectador- no sabe definirse a sí misma con claridad. Marcada por la ruptura interior de su separación, de su mezcolanza racial y cultual y atónita ante un conflicto que se reproduce a microescala ante ella, Rebeca acabará huyendo, sin rumbo fijo, pues ha sido superada por los acontecimientos de un mundo que no puede aceptar. Un universo dislocado por barreras materiales y simbólicas en el que Hannah, que fue llevada por su familia del campo de concentración de Auswitchz a Israel, se aferra a un pasado de dolor para justificar un futuro incierto en el que puede estar haciendo el papel de predadora o comparsa de los predadores. Y en el que Leila, la palestina, se quiebra entre la fidelidad a su pueblo -ofendido y masacrado-, su lucha por la propia supervivencia y su condición de mujer marginada por sus propios conciudadanos masculinos (como el hijastro que la roba y repudia). La conclusión del filme es a la vez modélica y forzada. Sin duda, de cara a la esperanza, cualquier espectador hubiera preferido que Zona libre acabará con Rebeca, Hannah y Leila cantando esa preciosa canción hebrea que escuchan en la radio del coche, esa radio que parecía incapaz de vomitar otras cosas que malas noticias, pero Gitai, de nuevo, nos otorga con una conclusión incómoda. El conflicto, reducido a este pequeño  universo femenino, sigue abierto y sangrando.

 

 
Como citar:
Nabal, E. (2005). El cine de Amos Gitai en dos películas , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-06-23] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/el-cine-de-amos-gitai-en-dos-peliculas/51