El regreso

Un largo viaje sin respuestas

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.
 
 

Hay algo muy sutil e inefable que ocurre en El regreso, una puerta que se abre y que se cierra casi al mismo tiempo; una suerte de introspección inconsciente, encausada en un universo gris y granulado, un realismo cruel envuelto en lluvia.

El regreso es una cinta que plantea preguntas, no propone materias universales ni está trazada de manera grandilocuente, sino por el contrario, se esfuerza sólo por constatar un punto de quiebre; el momento en que se deja la niñez y se comprenden cosas que hasta entonces sólo se intuían, lo demás simplemente fluye. Los protagonistas son los hermanos Andrey e Ivan, le temen al miedo, a la cobardía, creen que ser hombre significa saltar a un lago desde un andamio alto en presencia de los amigos.  El relato está formulado como un viaje; los dos hermanos junto a un padre que reaparece después de doce años. Eso es todo lo que sabemos, ellos y nosotros ¿Dónde estuvo el padre todo este tiempo?, ¿por qué volvió?, ¿hacia dónde se dirigen? Pronto la cinta toma la forma de una odisea, confusa, fría y atribulada. Los parajes donde rueda el director son silenciosos, vastos, hay lluvias torrenciales y poquísimos seres humanos. La cámara simplemente acompaña, cada cierto tiempo se aleja y observa, el plano se desenfoca levemente. Otras veces se acerca a Ivan, que frunce el ceño y mira por la ventana; él sólo quiere pescar y pasar unos días junto a su padre, pero el hombre al volante es un misterio, un puesto que por años ha estado evidentemente vacío en la mesa.

Esta es la ópera prima de Andrey Zvyagitev, realizador ruso de 38 años que hasta ahora sólo había dirigido una serie para la televisión. En este filme sorprende una extraña coherencia y solidez estética; la madurez de un “autor” que no posee la trayectoria para serlo.

Esta coherencia entre forma y contenido se hace patente en la dialéctica de los espacios; el exterior, amplio, exuberante, actúa en oposición a una atmósfera cerrada y en suspenso: la cabina del automóvil, el encierro, con la figura paterna autoritaria, opresiva y, a la vez, absurda (por qué respetar a un padre que ha estado ausente) en contraposición a la naturaleza y al espacio abierto e infinito.

El transcurrir del tiempo funciona bajo los mismos términos, se estira y comprime según los acontecimientos, un tiempo subjetivo que la estructura de la película se encarga de objetivar; la cinta se divide en días, cada uno es un capítulo. Así sabemos la duración del viaje, pero también cuánto dura la alegría de Ivan, sus expectativas, y cuánto persisten sus odios y rabias.

En el viaje y en la puesta en escena el director opta por la austeridad, deja que los planos largos digan lo que los personajes callan. No impone puntos de vistas ni miradas. Ivan, el menor, es el único que cuestiona al padre, que lo increpa, que siente rabia. Un primer plano de su rostro basta para contrastar el silencio que ocupa la mayor parte de la banda sonora. Interpretado por Ivan Dobronravov, un actor joven y potente con un impresionante contenido gestual: el rostro de Ivan se lee como un si fuera libro.

El conflicto con el padre es el hilo que conduce la película, pero el valor de la narración se concentra en la relación entre los hermanos, el trato cotidiano, la convivencia y las oposiciones, que evidencian finalmente una hermandad rica y sólida.

En “El regreso” hay matices, tonalidades leves que juegan cadenciosamente con los ánimos y simpatías del espectador. El director se las ingenia para poner sobre la mesa las dos caras de la moneda, nos hace partícipes de las tribulaciones del padre y de los hijos sin hacerlo evidentemente, con una coherencia y una claridad extraña para el cine que llega regularmente a nuestras salas. La pregunta latente que persiste durante todo el metraje tiene un rol en el filme tan importante como el de la puesta en escena o el de los personajes. El encuadre espía y subraya, pero no da pistas, no son necesarias; simplemente nos hace testigos de este viaje iniciático, largo y sin respuestas.

Título Original  Vozvrashcheniy

Director Andrei Zvyagintsev

País  Rusia

Año  2003

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2005). El regreso , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-10-23] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/el-regreso/208