Intimidades desencantadas

La poética cinematográfica del dos mil

Por Laura Lattanzi

Autor: Carlos Saavedra Año: 2013 País: Chile Editorial: Cuarto Propio

 
 

Carlos Saavedra en su libro Intimidades Desencantadas, se propone explorar los modos en los que se presenta la subjetividad en el cine de ficción de inicios del siglo XXI.

El libro se destaca por dos tareas: establecer “la relación de la cinematografía chilena contemporánea con las formas de subjetividad dominantes en el contexto socio-político nacional y, en segundo término, -observar- los desplazamientos desde la filmografía comprometida de los sesenta y setenta a las experiencias narrativas digitales, que describen las transformaciones fílmicas y culturales”, en palabras del autor. La primer tarea es la que mayor presencia toma en el libro, mientras que la segunda se hace presente más bien para servir de contrapunto a los films contemporáneos que a él le interesan.

La hipótesis que Saavedra intenta desarrollar a lo largo de su texto es demostrar -más que explorar- como el cine chileno de principios del nuevo milenio se orienta a la vida interior, configurando una estética de lo íntimo y de lo privado que se corresponde con la lógica del mercado globalizado, con las demandas del mercado internacional de las imágenes. Este gesto a su vez sería también, siguiendo el texto, una necesidad de los directores de configurar un “cine de autor” como distancia autoreferencial que termina constituyendo una visión critica neutralizada sobre la sociedad chilena actual.

Se trata de esta forma de un nuevo cine que categoriza como biográfico, intimista -a veces la distinción entre ambos conceptos no queda del todo clara-. Saavedra sabe, y manifiesta, que está estableciendo una categorización que como tal se corresponden con el ámbito de las reducciones y el etiquetamiento, pero que son fecundas para hacer historia del campo, y por sobre todo para producir diálogos, cuestionamientos, que sobrepasan las “etiquetas” e enriquecen el análisis del cine contemporáneo chileno.

Los principales films que el autor toma para armar esta tradición son: La buena vida, de Andres Wood; Se arrienda, de Alberto Fuguet; Play de Alicia Scherson; La vida de los peces y En la cama, de Matías Bize; Navidad, de Sebatián Lelio; y El cielo, la tierra y la lluvia de Torres Leiva. Si bien el último film a veces merece un tratamiento estético distinto a las otros; todos ellos se constituyen como un retrato de la sociedad chilena reciente: individualista, claustrofóbica, excluyente y temerosa. En este sentido el autor remarca el tratamiento de los espacios de estos films: privados, cerrados, íntimos, casi asfixiante, sobre todo en los films de Bize; mientras que la ciudad es retratada como objeto de diferencias sociales estructurales, como estadísticas sociales atemporales, o como catalogo de objetos fetiches que pueden ser yuxtapuestos en ensayos de pastiche. Otro punto interesante del texto de Saavedra es el de considerar las relaciones y comunicaciones que los personajes establecen con un otro, en general siempre autoreferenciales, excluyentes, con la imposibilidad de dialogar con la diferencia. Lo que a nosotros parece quedarnos de esta lectura, es que en estos films predomina una retórica del individuo que no logran constituirse como una voz interior original (como si sucede con éxito en otros casos, sobre todo en la literatura), sino más bien como una voz individualista, quejosa, impotente.

Si bien esté hincapié en el relato interior es parte del proceso de subjetividad de la época contemporánea, no queda muy claro cuál es aquel procedimiento que lo haría constituirse como tal. Es decir, que procedimientos de subjetivación representacionales- estéticos median entre aquel gran desplazamiento: del sujeto de la historia -la construcción de la historia como tarea del sujeto, los relatos utópicos, que también se caracterizan con el cine de los sesenta, setenta- a las ficciones personales. La respuesta del autor se centra, sobre todo en los mecanismos del mercado neoliberal y las estéticas globales derivadas: la espectacularización del yo, la hipertrofia del yo, la intimidad como espectáculo.

Entonces Saavedra pareciera dar cuenta de esta relación entre la subjetividad que allí se expone y la relación socio-política chilena como un reflejo entre una y otra, que a veces deja al lector esperando algo más de aquello. Dicho de otra forma, o leemos lo que sucede en la ficción como reflejo de una realidad o advertimos como la ficción también produce realidad; o consideramos como la ficción la refuerza o más bien como la afecta. Claro que este último procedimiento no parece ser el que estos nuevos films posibilitan y así muy bien lo advierte Saavedra. Así estas ficciones son leídas como una continuación de la realidad política desencantada de los pactos políticos, y no como síntomas de los que advertir significantes ambiguos.

El autor del libro dice: “En cada una de las películas se pone en evidencia el deseo de contar y mostrar los recorridos y aventuras mínimas de individuos encerrados en espacios privados, casi una proyección simbólica de la sociedad chilena reciente: claustrofóbica, excluyente y temerosa”.

Quisiera remarcar esa distinción del casi que el autor menciona, ya que por una parte nos permite alejarnos de las lógicas del reflejo (lease aquí proyección simbólica), pero también nos dice que hay algo que está faltando en esa descripción de lo íntimo de la que tanto hace hincapié en todo el libro: lo claustrofobico, excluyente y temeroso. Aquello que está faltando es lo mismo que se había anunciado en el título de su libro: que las intimidades con las que aquí nos encontramos están desencantadas. Es el desencanto el síntoma -consciente o no- de muchos de los personajes que el autor menciona. Y es el desencanto también el sentimiento que parece acompañar al mismo Saavedra en su texto, sobretodo al comparar los films contemporáneos con los de la época del sesenta – setenta-.

Casi que el desencanto es el sentimiento que hoy más invade, en la sociedad civil con respecto a la política, de los intelectuales con respecto a los nuevos movimientos políticos y practicas estéticas, etc. Pero también, quizás, el desencanto puede ser una estética productiva que nos lleva a ser algo más que un reflejo de una sociedad consumista, individualista, claustrofobica y excluyente. Eso aún está por verse…

 

 
Como citar:
Lattanzi, L. (2013). Intimidades desencantadas, laFuga, 15. [Fecha de consulta: 2017-04-29] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/intimidades-desencantadas/616