La sagrada familia (-)

La sagrada realidad

Por Roberto Doveris

 
 

Dentro de laFuga, hay diferentes opiniones hacia LSF. A Omar le gustó, Roberto, en cambio, tiene ciertos reparos.

Para bien o para mal, el que La sagrada familia sea una cinta nacional la pone en la mira de todos nosotros con especial interés, una mirada exigente y anhelante que está condicionada a lo que entendemos como “cine chileno”. Si bien es cierto que influye bastante el conjunto de premios obtenidos en el extranjero, y que el despliegue publicitario (desde el Festival de Valdivia 2005) ha creado cierta expectativa, me acojo a la idea de que La sagrada familia habla por sí sola y que la buena disposición, por parte del público y de la crítica, tiene que ver sobretodo con su propuesta bien lograda.

La cinta retrata a una familia tradicional de clase media alta en su fin de semana santo en su casa de la costa cerca de la capital, un tópico bastante tratado por el cine realista francés -desde Rohmer, pasando por Chabrol, hasta Ozon y Jaoui-. Al parecer el aislamiento, o al menos el resguardo de la ajetreada vida citadina, ayuda a configurar una identidad mejor definida, como si la provincia fuese el lugar en donde se guardaran celosamente las buenas costumbres, la moral y el respeto por las tradiciones.

De la improvisación sobre un guión esbozado y la filmación en tres días de la película salió como resultado una verosímil representación de la realidad de cierta parte de nuestra nación: de cómo solemos comportarnos, de cómo nuestros códigos morales se han ido construyendo, y de la complejidad que hay en el entramado de las relaciones personales. Para reafirmar este retrato está la manera de registrar que nos recuerda al dogma y a una cámara documentalista, que si bien está al hombro en constante reencuadre está muy preocupada de captar hermosos planos. Los diálogos y soberbias actuaciones también dotan a la cinta de una fresca naturalidad, cotidianeidad e intimidad, todo en pos de indicar y conducir a una observación seria de nuestra sociedad; sin embargo, a intervalos y hacia el final, la cinta se inclina hacia otra dirección, lo que provoca el derrumbe de esta posible gran película.

Cuando un film expone una realidad como mínimo debe hacerse cargo de ella; y no se trata de darles un cierre o cierto tratamiento especial, sino que se trata de poseer un solo mundo dentro de la película, mantener un solo discurso de tal forma que el verosímil de la historia no se rompa. Si bien esto no es siempre fundamental, en películas como La sagrada familia, en donde el retrato de una realidad es la médula sobre la que se trabajan una serie de elementos en discusión, no se puede abandonar lo que se empezó.

A momentos La sagrada familia posee paréntesis o descansos que frenan la realidad, y en ese suspenso del tiempo nos acercamos a la supuesta interioridad de los personajes. No es una contraposición entre el mundo público y el privado (lo que hubiera resultado muy interesante); la dimensión de aquellas escenas posee un carácter más bien sublime. Me refiero a los planos del océano, de Marco meditabundo en la playa y sobretodo a la historia que paralelamente tenía con su vecina muda. El problema está en el idealismo que supone un personaje así, el exceso de belleza que rodea estas instancias y la falta de credibilidad que posee, es finalmente un atentado al trabajo realizado en pos del “naturalismo” o de la búsqueda de fidelidad con una realidad y lo que pone en entredicho. Este problema no se relaciona sólo con el estilo -aunque tiene mucho que ver- sino que la dicotomía se produce también y sobretodo en un nivel temático. Ante una cinta moralista como lo es La sagrada familia ciertamente cabe exigirle compromiso con lo que nos expone y si durante casi todo el film se nos ha mostrado una cruda realidad es contraproducente terminar con un final del más simple romanticismo que nos lleva a un seguro distanciamiento.

Al exponer una situación como la que muestra el filme se obliga al espectador a hacerse cargo de lo que ve, pero si esta realidad se sublima o se evade, se libera al espectador de esa responsabilidad (ocurre en televisión todo el tiempo); en ese aspecto “La sagrada familia”, a pesar de habernos enfrentado a una dura verdad y habernos involucrado en ella, termina por ser una cinta complaciente porque desmiente lo que al conducir al personaje y a la historia a una pseudo liberación. Como si nos bofeteara para luego pedirnos disculpas; al final queda la sensación de que a La sagrada familia no le falta nada para ser una película sorprendente, pero sí le sobran unas cuantas cosas que van muy en desmedro de su fuerza.

 

 

 
Como citar:
Doveris, R. (2005). La sagrada familia (-), laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-03-28] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/la-sagrada-familia-/143