Las plantas

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.

Director: Roberto Doveris Año: 2016 País: Chile

 
 

Las plantas es una rareza. Una pieza única y singular. Profundamente cinéfila y cargada de preguntas, que ofrece una puesta en escena que le otorga a la extrañeza un lugar privilegiado en su aproximación estética, pero también de inscripción en un mundo particular, del cual no tenemos posibilidad alguna de escaparnos. Porque, a pesar de tener a una protagonista con acento extranjero, y un despliegue de una serie de referentes culturales exóticos, nos arrastra y nos ancla inevitablemente en el Chile de los dos mil, o más particularmente en un Santiago, poniente que acoge a una clase media agobiada por un malestar social, y a una adolescencia que podría ser despojada, si no fuese porque Florencia (Violeta Castillo) la protagonista, se aferra a ella con uñas y no está dispuesta a soltarla.

Vamos por parte. Estamos ante una ópera prima, el director es Roberto Doveris, cinéfilo, crítico de cine, director de video clips, académico de diversos cursos en distintas instituciones, montajista. Había dirigido, con anterioridad, dos cortometrajes que circularon en distintos festivales de cine: Ana interrumpe el día y Actriz de reparto.  

Brevemente, podríamos describir la trama de Las plantas de la siguiente manera. Florencia, apenas una adolescente, debe hacerse cargo de su hermano mayor, quien está postrado en una cama en estado vegetal debido a un daño cerebral severo. Su madre está enferma y no hay dinero en la familia.  Por lo tanto, está ella, un hermano inconsciente, una casa que se queda sin luz eléctrica, un jardín lleno de plantas que parece querer entrar desde la ventana.

Doveris juega con la extrañeza, coqueteando con distintos géneros; a primera vista el suspenso y el terror, pero en paralelo (si nos quedamos solo con la información que nos ofrece esta sinopsis), estamos frente a un drama que comulga con otros filmes chilenos actuales, que dan cuenta de una sociedad atrapada y sin salida, tanto en ámbitos institucionales (sistema de salud, educación pública, etc.) como en términos privados, de sujetos víctimas de un sistema y sumergidos en una depresión que les impide salir de un destino viciado. Sin embargo, Las plantas mira en otra dirección y se lanza de lleno a una ficción que convoca a diversas esferas de la cultura popular contemporánea. Por una parte, Florencia lee un comic que encuentra en una caja en una bodega. El comic, que tiene el mismo título que el filme, gira en torno a plantas que durante la noche habitan los cuerpos humanos para poder ‘vivir’ a través de ellos. Por otra parte, Florencia baila K Pop, asiste a la Comicon, ensaya con su grupo de amigos. Por último, Florencia, se conecta a internet e invita, desde el video chat, a hombres que no conoce, hasta su casa, para tener aventuras sexuales.

 

Todo se despliega de manera simultánea. La protagonista visita a la madre en el hospital, baña al hermano en una tarea que requiere de mucho esfuerzo (es un hombre mucho más grande que ella), va al colegio, se reúne con los amigos y fuman marihuana, ensaya las coreografías, lee el comic, invita a los desconocidos a su casa. Acá ocurre algo importante, Doveris invierte las relaciones de poder a las que estamos habituados desde el mismo cine. En este caso es Florencia quien le pide a los hombres que se desnuden y la cámara acompaña la mirada de Florencia con la misma curiosidad de la adolescente. Los hombres se desvisten, detrás de una puerta vidrio. La cámara recorre sus cuerpos como si fuese un paisaje, sin apuro. Tal como lo hará con el cuerpo del hermano, mientras lo observa; el rostro en primer plano, mientras ella se pregunta si habrá conciencia tras esa mirada perdida, ese peso muerto. De ese modo, Doveris propone una atmósfera particular y eso se desarrolla mediante distintos dispositivos. Una apuesta sonora y una apuesta estética que van dando forma a un filme que se configura de modo misterioso, sin dejar nunca que lo íntimo y lo familiar (atomizado), tengan un espacio que pervive siempre como una semilla esperando para germinar. 

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2017). Las plantas, laFuga, 19. [Fecha de consulta: 2017-04-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/las-plantas/839