Lejos del mundo

Casa tomada

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.
 
 

Lejos del mundo se equilibra con reglas propias, tanto cinematográficamente como en el universo de los personajes. La guerra en el francés André Techiné no tiene ecos de bombas ni de temblores, sino que se entiende desde la perspectiva de las personas que tienen que aprender a sobrevivir y a convivir: Odile (Emmanuelle Beart) y sus dos hijos, de 13 y 6 años, e Yván (el terrible), un adolescente que pronto se une a la familia. En el éxodo hacia algún lugar seguro, encuentran una casa abandonada en medio de una pradera y deciden habitarla.

Deudor de los directores de la nueva ola francesa, Téchiné, como ellos, filma a mujeres y a niños, pero su enfoque es pesimista, algo perverso. Hay historias secundarias que quedan suspendidas, que no terminan de revelarse y nudos principales que se cortan abruptamente. El director filma desde arriba, los personajes quedan seguros en esta casona, pero luego deben lidiar solos con los distintos problemas que aparecen en esta pequeña sociedad que opera con cánones reinventados, y con los obstáculos que aparecen para perturbar esta supuesta paz.

Lejos del mundo” es una película de guerra sin guerra. Una historia de amor sin amor. Odyle e Yvan se confunden, la soledad, el absurdo… Finalmente, y a riesgo de sonar adolescente, la tensión sexual y la consumación de dicha tensión en manos de la madre y el adolescente terminan siendo lo mejor de la película. Las cosas se tornan ambiguas, aunque no lo suficientes: el hijo mayor no sospecha de nada, como si de pronto Techiné se arrepintiera y decidiera llamar la atención con otras situaciones, en rigor bastante secundarias, infértiles, que no nos convencen, como tratando de hacerse el leso, a excepción que sabemos que no lo hace. ¿Qué pasa, entonces, cuando una película no nos entrega lo mejor de sí misma? El desnudo de Enmanuelle Beart en manos de un joven, en un bosque, sutil y extremadamente erótico, una escena potente que parece haber sido agregada al final, de relleno. Es bastante extraño: demasiado concreto tal vez. Y a la vez abstracto. Ni lo uno ni lo otro. Tibieza. Un escalofrío que no llega a recorrer la espalda, se congela a la altura de los omóplatos, como cuando el momento de la fotografía se pierde, el botón se aprieta un segundo tarde y ya no hay nada que hacer. Entonces tampoco hay nada que decir.

 

Título Original: Les Egarés

Director: André Téchiné

País:  Francia

Año:  2003

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2005). Lejos del mundo , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-03-28] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/lejos-del-mundo/180