Límite

Lo que se quiere y no se consigue

Por Omar Zúñiga Hidalgo

 
 

Un estreno más de cine chileno para este 2006, ‘Límite’ se difunde a sí misma como ‘la única película de acción policial’ de factura nacional en lo que va del año. Esa demanda de género envía las expectativas a la factura hollywoodense, o una solidez argumental que sostenga un cine sin muchas pretensiones expresivas, pero sí con un sistema de narración suficientemente consistente como para al menos lograr un relato entretenido y bien armado. ‘Límite’ queda fuera de esas expectativas, no por la precariedad de su prepuesto e inversión técnica (lo que optimistamente podría evaluarse incluso como un factor secundario), sino porque no es capaz de abordarse a sí misma, en términos de un relato sistemático y bien contado, claves elementales del género que propugna. La imagen difusa que permanece tras verla es la de un relato vago, perdido en los espacios (un Valparaíso anónimo, carente de identidad clara, un Buenos Aires construido desde sus emblemas cívicos por una naturaleza supuestamente política) y en la construcción de sus personajes (algo ambiguos, nunca lo suficientemente bien interpretados).

La anécdota de la cinta de Nicolás Jullian intenta entretejer un caso de corrupción por lavado de dinero entre un parlamentario argentino (Iván Espeche) y otro chileno, un tipo que quiere cambiar de vida y dejar la banda de mafiosos en la que trabaja, una detective que es la profesional competente pero que no ha logrado conseguir el amor; Nicolás (Ignacio Severín) y Paula (Adela Secall) padecen entonces el síndrome de la pareja que-podría-haber-sido-pero-que-no-es-por-el-contexto. Todo mientras el jefe de Nicolás (Remigio Remedy) empieza a dudar de sus capacidades, y su mejor amigo Pancho (Luis Dubó) se pierde en errores accidentales y el consumo de drogas.

La propuesta se nubla; una trama que en sus términos más básicos podría haber sido sofisticada, resulta un relato difuso, que no preserva una coherencia clara, que se pierde entre sus personajes con una levedad insólita y que no permite una comprensión de sus padecimientos. La recopilación de anécdotas genera entonces una historia que se olvida tras presenciarla. Un collage indefinido, que no toma partido ante lo que narra. Es cierto que el cine policial no busca mayores innovaciones estéticas, pero si funciona a la perfección en lo que a entretención respecta. Una cinta que carece de ritmo y que se pierde en sus propios mecanismos no alcanza esa particular virtud en tanto pretensión de género. Porque a pesar de no contar con una difusión como la de otros miembros del sistema (‘Fuga’, ‘Kiltro’, ‘ La Sagrada Familia ’), se difunde con una obstinada idea de ser esa ‘película policial’ que apenas es, explicitando los objetivos que no se logran. Al mismo tiempo, existe otra demanda que no se cumple, aquella de realización local, de la ‘película regional’ que dice ser; las locaciones son anónimas, no identificables, espacios asépticos que pudiesen haber sido cualquier otro.

Varias de las películas de corte más standard provenientes de la factura industrial estadounidense plantean dentro suyo un envío a una situación social, a un dilema moral, por muy superficial que sea. ‘Límite’ intenta involucrar la corrupción parlamentaria, pero tampoco emite una opinión, no funciona en términos de la concepción de condena, sino más bien con una cierta indiferencia. No es que las películas deban guiarse por un carácter ético intachable (ese hecho es más bien un agente que debe ser descartado) sino que más bien poseen una moral, un código al cual se atienen, un algo acerca de algo. ‘Límite’ se queda en ese umbral que la denomina, en esa indefinición entre las ganas de ser un thriller y no serlo, entre querer ser glamorosa y no serlo, entre pretender cosas y no lograrlas.

 

 
Como citar:
Zúñiga, O. (2005). Límite, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-04-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/limite/139