Lucía

Por Felipe Blanco

Director: Niles Atallah Año: 2011 País: Chile

 
 

El primer rasgo que resalta en esta ópera prima del director Niles Atallah es su ineludible belleza formal; un barroquismo pictórico que transforma la imagen en una superficie de carácter mental que pareciera operar lejos de cualquier coordenada temporal.

Lucía (Gabriela Aguilera) es una mujer de alrededor de treinta años que trabaja como operaria en una pequeña fabrica de ropa para guaguas y vive junto a su padre en un antiguo caserón del casco antiguo de Santiago. Sus padecimientos –desde el cuidado de su progenitor hasta mejorar sus condiciones de vida en una nueva casa– son apenas perceptibles y no surgen del colapso con la modernidad sino sencillamente por su necesidad de mantenerse a flote con un tipo de sociedad –y de valores– que no entiende.

Teniendo en cuenta los alcances dramáticos de la cinta –que opta por una tensión subterránea que opera precisamente por la contención de las emociones de sus personajes– podría acusarse a Atallah de cierta intromisión estética en el universo de la historia que narra, en tanto el embellecimiento de la pobreza retratada atenta contra la cautela con que el realizador intenta observar ese mundo humano y físico que se desmorona silenciosamente. Sin embargo, a pesar del cuidado puesto en ese aspecto, los méritos de esta película van por otro lado.

La cinta se instala en un eje temporal que cubre dos semanas de fines de 2006, precisamente el período que va entre los funerales de Pinochet –el 10 de diciembre– y la celebración de Navidad. Sin subrayar demasiado ese hecho, su breve mención incorpora una dialéctica muerte-nacimiento que amplifica las circunstancias vitales que se establecen entre los personajes.

Puede que a primera vista el centro de Lucía sea su perpleja protagonista. Sin embargo, la verdadera tragedia es la del padre (Gregory Cohen), un hombre que abrazó convicciones políticas durante toda su vida, que sin duda fue militante de izquierda y probablemente víctima de la dictadura en más de un sentido. Convertido en una suerte de catatónico que se debate entre el mutismo y su dependencia a la televisión, su presente es el de un ser derrotado en lo corporal y aniquilado en lo moral que sólo es capaz de abandonar su hogar para oficiar de bufón en nochebuena.

Hay una idea de inmovilidad que recorre temáticamente toda la cinta y que Atallah utiliza para organizar la puesta en escena. Desde luego esa inmovilidad tiene anclaje en los planos largos y estáticos que construyen gran parte de la película –interrumpidos sólo en la secuencia de la perturbadora celebración de Navidad en casa del médico torturador–, y se destila también en aquellos momentos en que el realizador recurre al stop-motion para reforzar la sensación de atasco físico y existencial de su protagonista. Pero sobretodo se trasluce en la dimensión geográfico-urbana que asume el relato y que constituye su aspecto más logrado.

En su manera de registrar la centenaria arquitectura de Recoleta –asediada y devorada por la actual ética de la construcción habitacional– Lucía adquiere un alcance histórico incluso más significativo que sus parámetros políticos. Niles Atallah filma un Chile que está desapareciendo y que es tanto identidad física como memoria perdida. A las espaciosas y frágiles construcciones de madera y adobe, donde los protagonistas han atesorado los objetos de su vida como sobrevivientes de un naufragio (adornos, banderines, fotografías, cuadros y artefactos inútiles del pasado atiborran cada una de las habitaciones), se opone la opresiva longitud de los grandes edificios de departamentos, que pueden albergar a trescientas familias en pocos metros cuadrados, donde la identidad personal se diluye en el anonimato.

Lucía habla sobre las huellas emocionales del recuerdo. Tanto su protagonista como el resto de los personajes son seres aniquilados por un presente enajenante y tecnócrata en el cual sencillamente no saben cómo transitar. La observación atónita de ese estado de cosas será la tumba definitiva para varias generaciones de sobrevivientes que deambulan como fantasmas en el Chile del Bicentenario, un país que se edificó sobre las cenizas de otro.

 

 
Como citar:
Blanco, F. (2010). Lucía, laFuga, 11. [Fecha de consulta: 2017-03-28] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/lucia/474