Surire

En las grietas del salar

Por Martín Baus

Director: Perut & Osnovikoff Año: 2015 País: Chile

 
 

Las burbujas brotan de una poza. Se forman, se multiplican, se ordenan y desaparecen. Burbujas densas pero translucidas. El sonido del borboteo es constante, cercano; un borboteo en primer plano. Un sonido concreto pero extraño, que solo adquiere forma y sentido con la imagen que lo acompaña. El sonido cesa, y con él la respiración del agua; la respiración del salar de Surire.

Es así como comienza el séptimo largometraje de los realizadores Bettina Perut e Iván Osnovikoff. Un filme que toma su nombre de este salar, ubicado en el altiplano chileno, en la frontera con Bolivia. Una locación árida, aislada, que a pesar de sus extremas condiciones y su sórdida soledad, logra filtrar su respiración en pequeños detalles.

Son estos detalles, en los que los cineastas posan la mirada, los cuales hacen dar cuenta de los ecosistemas que operan y se desarrollan en el salar. Los detalles desbordan el primer plano, materializándose en la distancia; en pequeños movimientos dentro de un plano general, en patrones de la naturaleza que encuentran un símil en la maquinaria minera.

Camiones cruzan el salar de un lado a otro constantemente. El ruido de sus ruedas contra la tierra se escucha a lo lejos, en un zumbido grave que se confunde y entremezcla a ratos con el viento o con el ruido de las aves en el fuera de campo. Los trabajos mineros están siempre presentes en el film; pero lejos de intentar hacer un documental-denuncia al mostrarnos su presencia, los directores proponen hacerlos parte del ecosistema que se ha construido en el lugar. El camión pasa a ser un animal más de la fauna del salar. Un animal que a pesar de que puede ser visto como una amenaza, se desarrolla de manera natural con el resto. Como en todo ecosistema; hay depredadores y depredados, pero pareciese ser que en este documental, no se busca hacer hincapié explícito en el trabajo minero en el salar dotándolo de una connotación negativa o medio ambientalista, sino que se propone una visión integradora.

Mediante un dispositivo cinematográfico marcado, con el cual los camiones se ven disminuidos al máximo, moviéndose como insectos en la arena de un desierto abarcado desde un plano general, o mediante el cual una mosca enredada en una bola de pelos puede ocupar la pantalla completa a través de un primerísimo primer plano; la mirada de los cineastas logra trabajar la distancia como una variable moldeable, incluso expresiva. A través de valores de planos y escalas contrastantes, no solo se ponen en igualdad las especies y su importancia dentro de este ecosistema que se va entretejiendo, sino que también se da cuenta de las relaciones dentro de este hábitat, donde a ratos pareciese ser que cada elemento o engranaje es en realidad independiente de los demás, que fluye y repta por el desierto sin influir con su presencia en el funcionamiento de los demás componentes; pero donde también, por otro lado, se nos muestra cómo una insignificante bola de pelo humano puede llegar a ser una trampa y prisión para una mosca.

Estos contrastes se hacen más evidentes aún cuando la cámara se posa en un pequeño grupo de habitantes humanos que viven en la fauna desértica. Se trata de los últimos sobrevivientes de la cultura Aymara que deambulan por el desierto y habitan pequeñas casas construidas en roca. Estos personajes viven de lo que el desierto les entrega, sobreviven en y con el desierto.

Es cierto que el film muestra con crudeza la vida que se desvanece en las pieles y voces de este grupo de personas. Un hilo de vida escueto y seco. Un reflejo-espejismo que se forma del polvo y el calor a contra luz; pero aún así no hay necesariamente una mirada que victimice a esta gente. Nuevamente, no nos encontramos con una denuncia y victimización sobre la vida que esta gente lleva; incluso creo poder deducir que existe en esta película una mirada que nos dice que esta gente vive de mejor manera aquí que inmersa en la “modernidad”.

El desierto influye tanto en ellos como en la cámara que los registra. El propio calor que brota de la tierra, tal como las burbujas, se materializa en la imagen cinematográfica. Perut y Osnovikoff nos entregan retratos casi impresionistas de los personajes inmersos en la atmósfera desértica. Retratos que disuelven los cuerpos en manchas de luz y vapor de espejismo en la arena. Nuevamente la distancia y el calor hacen que las presencias de los seres se esfumen y entremezclen con los tonos de Surire. Con los animales, con los camiones, con la tierra. Todo dentro de una paleta de colores, de trazos. Capas de vida que se sobreponen y habitan en conjunto el mismo espacio. El mismo cuadro.

Tras una larga trayectoria como cineastas, en la cual Bettina e Ivan han conformado un corpus cinematográfico marcado en gran parte por temáticas políticas, una aproximación cruda y directa frente a estas y una constante e inquieta búsqueda de nuevas formas de experimentar con la contingencia; me atrevo a decir que Surire es uno de sus filmes más político.

A pesar de que a primera vista se nos presenta como un documental casi observacional, con una aproximación que poco “influye” e “interviene” sobre el entorno y mundo retratado, y que además no llega a tocar explícitamente lo político que ahí está ocurriendo; solo basta con que nuestra mirada sea más aguda y nos fijemos en las configuraciones y dispositivos cinematográficos con los cuales trabajan el documental estos realizadores. Es necesario situarse y contemplar más allá de los recursos narrativos y temas expuestos, para así acceder a una obra que transgrede las formas de representación en el documental, y por sobre todo, las formas de expresión de juicio.

Todo el mecanismo de representación está de alguna manera permeado por la atmósfera de Surire. Todo Surire se expresa y manifiesta a través de la influencia que este ejerce sobre la cámara y sobre la mirada de los mismos directores. El juicio político y ético desborda la forma, necesitando de ella para desbordar. Se desplaza del foco de observación hacia un punto que le subyace pero que se expresa también ahí, en la superficie, en la textura.

En este sentido, el hecho de que la película no haga un juicio explícito al trabajo minero que está destrozando el desierto y el Salar de Surire, y que por el contrario, se nos haga un minucioso y microscópico acercamiento a la vida que en este lugar se desarrolla, vuelve a Surire en un documental que apela a los sentidos, y a la sensorialidad que el lugar puede evocar en nosotros. Se evoca así la vida. Se evoca la importancia de cada ser, la inmensidad de cada insecto y animal, como también la cercanía que podemos tener con cada planicie desértica y cada cerro arenoso que se distancia de nosotros por varios kilómetros.

Surire es un documental en esencia político, que se configura como la culminación de una visión política del documental por parte de los realizadores. Demuestran con este filme, que hay otras maneras de hacer un juicio de valor o entregar una opinión respecto a un tema de contingencia desde el trabajo audiovisual. Es sin duda, la maduración de un enfoque que se ha gestado a lo largo de toda la obra de ambos directores, y que se constituye como una obra sólida y elocuente frente a la manera de hacer reflexionar al espectador en torno a lo que se le está presentando en un documental. El espectador de hoy en día puede vagar por las imágenes de un documental y extraer de ahí un discurso político y un juicio expresado ya no de forma necesariamente directa, sino incrustado y cristalizado en las mismas imágenes y el sonido. Las configuraciones de estos elementos audiovisuales evocan y trabajan a partir de una característica esencial de la naturaleza de estas, es decir, la capacidad que tienen la imagen y el sonido de posibilitar una aprehensión sensorial en el espectador.

El casi imperceptible borboteo de una burbuja en una posa en la mitad del desierto, nos hace sentir que ahí algo respira. Que en aquella tierra hay algo que se resiste a ser aplastado por el ser humano. Perut y Osnovikoff nos entregan ese borboteo.

 

 
Como citar:
Baus, M. (2016). Surire, laFuga, 18. [Fecha de consulta: 2017-04-30] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/surire/768