The Forest for the Trees

Cuando el bosque no deja ver los árboles

Por Sebastián Lorenzo

 
 

El primer largometraje de Maren Ade parece continuar la fructífera producción actual en digital con transferencia a cine. A primera vista es una película simple, casi sin artificios técnicos, con una cámara que parece contentarse en registrar la acción de su personaje y las relaciones que genera. Se trata de una joven profesora –Melanie-, recién llegada desde fuera a la escuela de un pueblo alemán, en donde espera llevar a cabo algunos métodos de enseñanza novedosos (“nuevos aires”) así como un programa de educación sobre ecología. Pero sus buenas intenciones y su inocente convencimiento en la utilidad de sus enfoques, comienzan de inmediato a chocar con la realidad cotidiana de la escuela: profesores que no están dispuestos a escuchar sobre sus enseñanzas, alumnos que se resisten a cualquier tipo de cambio académico, y que la instan una y otra vez a adoptar un papel autoritario que no es capaz de asumir.

Por otro lado, la progresiva ruptura con el mundo de la escuela va teniendo como correlato una ruptura más privada, la de sus relaciones interpersonales: lejos de su familia y recientemente separada de su pareja, Melanie es incapaz de construir amistades en las cuales no esté presente la condición del rechazo (mientras se esfuerza con torpeza por simpatizar a una guapa vecina -Tina- con la cual se obsesiona a tal punto que la comienza a vigilar por su ventana, intenta de diversos modos alejarse de un servil e insistente compañero de trabajo, que al parecer pretende “algo más” con ella). La doble presión de este mundo laboral hostil y de su soledad en aumento, llegan a crear la sensación de una vida inconducente e insoportable, a la que ella no es capaz de hacer frente precisamente porque su propia ingenuidad y esquematismo interno rígido, le impiden adaptarse al medio (el mundo imaginario donde todo sucede según el orden establecido se ha superpuesto al mundo real).

En este sentido uno no está seguro de si debe reírse o llorar (yo sin dudas me la pasé riendo). Y por lo demás poco importa. Porque si bien tal dubitación puede inducir en el espectador un cierto sentimiento de incomodidad, esa es después de todo la fortaleza del film. Hay que consignar que parte de ello surge a su vez de una implacable credibilidad de los acontecimientos, que se ve apoyada por una amplia gama de rigurosas interpretaciones (los actores secundarios son notables). Sin embargo, el elemento crucial de la película está en el trabajo del guión, que escrito por la misma Maren Ade, logra poco a poco penetrar desde esa aparente simpleza del relato en conflictos algo más profundos. Yo los resumiría en tres grandes ejes interconectados.

Primero, la aguda descripción que se realiza de la oposición entre el “deber” y el “ser”. Lo que el personaje principal no logra jamás superar -y que le va originando una angustia interna- es el conocido cortocircuito entre principios y acciones, problema que Baruch Spinoza conceptualizó como una incoherencia entre el orden moral y los afectos: ella debe intentar tener un trato amigable y dialógico con los alumnos, pero paradojalmente ello genera más violencia e incomprensión que la misma enseñanza represiva del modelo autoritario. Además, aquí observamos una variación del tema. La lectura del mundo que Melanie realiza es de una literalidad extenuante: la insinuación de un compromiso informal, como una posible cita con Tina, adquiere para ella un absurdo carácter de hecho consumado, aun cuando nadie más parece percibir su peso contractual: estamos frente a la transformación, a partir de lo que “debe ser”, de la “posibilidad” en “realización”.

Segundo, Maren Ade logra trabajar muy bien el abismo que existe entre la intención de la acción y el resultado de la misma. Así como el orden nunca logra anteponerse a la fluidez del mundo, la racionalización de la acción, que proviene de una perspectiva causalista rígida, no puede generar jamás el efecto esperado. La pretensión de Melanie de ser demasiado generosa (por ejemplo al ayudar a botar la basura de Tina), deviene en un exceso filantrópico que forja precisamente lo contrario, una intromisión invasiva en el mundo privado de su vecina. Por su puesto, los efectos no deseados de sus buenas intenciones culminarán agotando la paciencia de Tina y produciendo una ruptura definitiva entre ambas (incidente del cumpleaños). Una nueva variación, esta vez del resultado no planificado de la acción, destaca entre líneas y despierta nuestra atención: Melanie busca “parecer” una persona seria frente a sus alumnos, para lo cual va a comprar ropa “elegante” a la tienda de Tina; pero esta investidura forzada no hace sino resaltar su incapacidad de generar respeto y su falta de mando, acrecentando la brecha comunicativa con su clase e invirtiendo la condición de los términos: ella “es” demasiado seria (respetuosa del rol académico y del diálogo en el aprendizaje) como para “parecer” una profesora seria (que represente la capacidad de mandar del “auctoritas”: lo cual reafirma la condición weberiana de que la autoridad se genera antes por una voluntad manifiesta de mandato –ordenar–, que por una constelación de intereses –libre juego–; que, finalmente, puede decirse al revés, puesto que Melanie evita realizar una definición sobre la relación de dominación burocrática –adopción del mando–, para dejar ingenuamente esa responsabilidad a su “vestimenta”).

En fin, tercero. Resulta interesante constatar cómo la película va insertando escenas en las que se produce una especie de inversión de la lógica de los “actos de habla” de Austin, gracias a lo cual presenciamos distintas variaciones acerca de un mismo motivo: “cómo decir palabras con cosas”. Maren Ade subraya esta incapacidad de expresión directa que requiere – necesita, de una verbalización mediada, en este caso a través de objetos, gestos, acciones destinadas a llenar el espacio vacío de la comunicación fonética (algo así como una escenificación de ese “querer decir” que alguna vez adelantó primero Grice y luego Ducrot).

Magnífica revelación esta ópera prima de la alemana Maren Ade, una directora a la cual deberemos seguir desde cerca.

 

 

Título original: The forest for the trees

Director: Maren Ade

País:  Alemania

Año:  2003

 

 
Como citar:
Lorenzo, S. (2005). The Forest for the Trees, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-12-14] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/the-forest-for-the-trees/201