Tierras en Trance. Arte y naturaleza después del paisaje.

Por Laura Lattanzi

Biografía +

Doctora en Filosofía con mención en estética y teoría de las artes, Universidad de Chile; Licenciada en Sociología, Universidad de Buenos Aires. Académica Departamento Teoría de las Artes, Universidad de Chile.


Autor: Jens Andermann Año: 2018 País: Chile Editorial: Metales pesados

 
 

 

El entorno es el primer otro, nos advierte Jens Andermann en la introducción de su libro Tierras en Trance. Arte y naturaleza después del paisaje. Otredad que siempre desestabiliza, muta, transforma, suspende el juicio, nos deja –al menos por un instante– en un trance.

Trance es el concepto que Andermann nos propone para pensar y adentrarse en el vinculo entre arte latinoamericano y entorno natural. Haciendo un guiño al célebre film de Rocha, pero alejándose de la lectura de Deleuze que lee en el film Tierra en trance (Rocha, 1967) la configuración de un umbral para el devenir del pueblo, el trance es aquí más bien una desestabilización del sujeto –racional, moderno, soberano– al que devuelve a una condición de “suelo interobjetual de materialidades vibrantes”. Un sujeto en trance, librado a la naturaleza, envuelta en su entorno, el “trance de unos cuerpos y entornos cuando se cortan las amarras que habían mantenido su lugar en el mundo”. Desde esta premisa es que Andermann explora el vinculo entre arte y naturaleza a partir de los lindes entre lo humano y lo no humano, entre materialismo y representación.

El libro nos propone realizar un viaje por diversos objetos y procesos estéticos de la modernidad latinoamericana que transitan desde la crítica y reformulación del paisaje, hacia nuevas formas de inscripción y coexistencialidad en y con el ambiente no-humano. Sus objetos de estudio no responden a un único criterio, sino que más bien conforman constelaciones, sistema similar que ya había utilizado el autor en su libro sobre Nuevo Cine Argentino 1Jens Andermann. Nuevo cine argentino. Buenos Aires: Paidós, 2015. Constelaciones en continuo movimiento ya que sus objetos son más bien procesos, antes que obras definidas de una vez y para siempre. Así los casos a los que refiere provienen del campo de la las artes plásticas, la literatura, el cine y la arquitectura, pero también de sus hibridaciones. Se destaca entonces la diversidad y el carácter interdisciplinar de su recorrido, el cual transita todo el siglo XX hasta nuestro presente. Resultante valorable además la riqueza de materiales con los que Andermann compone su relato, plegado de datos, documentos, anécdotas, que aportan a una construcción de objetos de estudios no tan limitadas por los documentos de la historia del arte tradicional, y permitiendo así expandir sus alcances, contaminar las disciplinas, exponer los objetos en otros entornos.

Este recorrido, o proceso, que es el libro esta dividido en cinco secciones, una introducción y una conclusión. En el primer capítulo “Viaje accidentado: vanguardia y velocidad” Andermann revisa una serie de escrituras que dieron forma al “viaje de vanguardia” entendiendo a ésta como una práctica experimental que indaga en un nuevo espacio-tiempo que emerge a inicios del siglo XX con los procesos de modernización y la irrupción de la máquina. El autor lo define como un viaje accidentado identificando allí una singularidad latinoamericana, un contra-tiempo que da cuenta de experiencias de no-simultaneidad, incompatibles con los paradigmas temporales de la vanguardia europea dominada por el futurismo y la velocidad. Para ello revisa notas de viaje de autores como Carpentier, Huidobro, Le Corbusier, Mario de Andrade, Oswald de Andrade, Roberto Arlt, Victoria Ocampo, entre otros. En el segundo capítulo “Elementos naturales: arquitectura, jardín y modernidad” se abordan las transformaciones del paisaje en la modernidad arquitectónica, encontrando en la figura del jardín un escenario para adentrarse en la relación entre espacio construido y ambiente. Para ello explora las figuras de Ocampo, la Casa Azul de Juan O’Gorman, los Jardines del Pedregal de Luis Barragán, las obras paisajísticas de Burle Marx en Brasilia. Para luego adentrarse en el espacio de los parques nacionales, producto de una política sobre el ambiente que surge con la consolidación de un Estado Nación. El tercer capítulo “La naturaleza insurgente”, definido por el autor como una sección bisagra, explora lo que él considera una respuesta al proceso modernizador extractivita por parte de la literatura. Se refiera a los cuentos de la selva de Horacio Quiroga, João Guimarães Rosa, los cuentos del desierto de Juan Rulfo y Graciliano Ramos. Finalmente identifica dos grandes narrativas de la modernidad poscolonial: la novela de la selva y la testimonial de guerrillas. En el capítulo cuatro “El giro ambiental: del marco al medio”, el autor aborda una serie de obras provenientes de diversas áreas -poesía, arquitectura, plástica y sus hibridaciones- que proponen una “politización del espacio” a través de la configuración de eventos que dan lugar a una constelación de procesos. La revisión de obras de Hélio Oiticica, Antonio Manuel, Ana Mendieta, el proyecto ciudad abierta Amereida (cuya documentación es de relevancia a la historia del arte chilena) y las intervenciones del CADA y Tucumán Arde le permiten caracterizar la superación-expansión de la negatividad modernistas hacia nuevas formas transgenéricas y mediales. El desborde del propio espacio-tiempo institucional (Richard) y la desarticulación del soporte material, son las dimensiones fundamentales que le permiten caracterizar a estas obras como “situación móvil y abierta”. Finalmente el quinto capítulo, “Después de la naturaleza: memorias, derivas, transmutaciones” Andermann nos ofrece ciertas formas contramonumentales e itinerantes de memoria postdictatorial en el Cono Sur. Así revisa el rol del paisaje en los films de Patricio Guzmán, Nostalgia de la luz (2010) y El botón de nácar (2015); para luego analizar los documentales de posmemoria argentinos Papá Iván (María Inés Roqué, 2004), Los rubios (Albertina Carri, 2003) y M (Nicolás Prividera, 2007), los cuales desde una definición del espacio periférico, experimentan con las temporalidades de la memoria. Finalmente revisa producciones actuales de bio-arte y eco-arte que responden al devenir inespecífico de la vida.

Es relevante notar que existen en el libro dos grandes relatos que se van entretejiendo: por un lado la historia de las estéticas de la naturaleza y por otra parte la de la violencia extractivista en América Latina. Dichas vertientes tiñen el análisis de un componente siempre estético-político, articulando en ello el tema ambiental con el discurso biopolítico, proponiendo entonces tejer vínculos entre dos tradiciones muy distintas, pero cuya articulación (¿eco-crítica?) resulta fundamental y urgente en la actualidad.

Trance es un concepto que busca situar lo latinoamericano dentro del relato hegemónico modernizante, abrirse a la otredad de un territorio siempre en movimiento, en proceso, que escapa las identidades y debe sobreponerse una y otra vez a los procesos coloniales y poscoloniales. Tierra en trance expone al arte y sus productores a los lindes de un espacio natural-horizonte que se resiste a reducirse a paisaje.

 

 
Como citar:
Lattanzi, L. (2020). Tierras en Trance. Arte y naturaleza después del paisaje., laFuga, 23. [Fecha de consulta: 2020-02-21] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/tierras-en-trance-arte-y-naturaleza-despues-del-paisaje/986