Un método peligroso

Por Eduardo Nabal Aragón

Director: David Cronenberg Año: 2011

 
 

En su último, y en gran medida decepcionante, film David Cronenberg ahuyenta gran parte de su universo visual a favor de una novela romántica sobre el amor entre Carl Jung y Sabina Spielrein (una emigrante rusa y una de las primeras mujeres que aparecen en la historia del psicoanálisis). La relación pasa de ser una relación entre médico-paciente a una pasión ardorosa, no sin transitar por algunos personajes célebres del psicoanálisis de la época, como el doctor Freud (Viggo Mortensen) –retratado de una forma un tanto oblicua y poco veraz– o los círculos intelectuales donde se debatían las revolucionarias teorías que el psicoanálisis destapó sobre la sexualidad como motor de la vida psíquica y las constricciones sociales. El film se rinde ante el misticismo de Jung, frente a la radicalidad de algunas ideas del autor de “Tótem y tabú”, al tiempo que simplifica las ideas de los autores.

Sin embargo, al contrario que en sus otros filmes más “psicológicos” o incluso “psiquiátricos”, como Spider o Inseparables –estudios sobre el desdoblamiento de la personalidad–, hay poco de la atmosfera malsana, del suspense interno, de las mutaciones corporales, de los miedos atávicos y de “la nueva carne”, muy queridos por el autor canadiense. Cronenberg nos obsequia esta vez una historia tan exquisitamente rodada como carente de autentica pasión y verdadero misterio. La emoción aflora a ratos, pero Keira Knightley cae en el histrionismo y la monotonía, y su interesante personaje no alcanza la entidad suficiente para competir con dos actores de fuste, en un triángulo harto singular. Poca originalidad ofrece, pues, Un método peligroso, más cerca de un biopic al uso –con alguna propuesta verbal atrevida– que de uno de esos monstruos de creatividad visual apabullante del director de La mosca y ExinteZ. Cerebral y discursivo hasta la extenuación, el film se acerca solo verbalmente al universo de su director al hablar de la conexión entre el sexo y la muerte, como ya hizo en Crash o M. Butterfly. Pero la producción se decanta por la conexión, sin perturbar nunca al espectador más de lo necesario y cayendo incluso en algunos toques algo vulgares; trabajo increíblemente asexuado, aunque el film esté lleno de referencias al sexo y sus misterios. Podríamos rescatar de este, en parte, fallido y algo manierista Un método peligroso la ambigüedad moral de sus tres protagonistas y la historia de amor acompañada de los acordes de Howard Shore (habitual del realizador) y Richard Wagner, ya que la puesta en escena es demasiado límpida para una historia tan llena de sombras. Pareciera como si Cronenberg se hubiera rendido ante el sabroso guión del dramaturgo Christopher Hampton aparcando su propio cosmos de dioses y monstruos a favor de la retórica y de la buena letra fílmica. Y al plegarse a algunas de las formas del cine británico de qualité, a pesar del inflamable material que maneja y de su atención desmedida a la duración de los planos y la expresión de los rostros, su historia pierde fuste y el resultado final se acerca a una claudicación por parte del otrora temido e idolatrado director.

 

 
Como citar:
Nabal, E. (2012). Un método peligroso, laFuga, 13. [Fecha de consulta: 2017-06-26] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/un-metodo-peligroso/490