No abundan los libros locales que logren escapar del encorsetamiento disciplinar en el que, por lo general, se mueven las publicaciones dedicadas a temas de imagen, medios y visualidad. De la cámara lúbrica a la caverna digital. Notas sobre imagen y medialidad posee precisamente esa virtud. La escritura de la investigadora, docente y curadora especializada en artes mediales Valentina Montero comparte, desde sus primeras páginas, un tono ensayístico y cercano, sin por ello renunciar al rigor conceptual ni a la referencia histórica. Su reflexión mantiene siempre una proximidad con fenómenos y objetos específicos, que se desplazan entre la esfera de la cultura mediática de masas —el porno, los memes— y la producción artístico-visual contemporánea. La invitación del libro es, en este sentido, a un pensamiento relacional, abierto a la reformulación constante y a la capacidad de vincular fenómenos que, a primera vista, parecen distantes entre sí.
El libro tiene un origen que la propia autora describe como casi accidental. Se trata de una recopilación de textos previamente escritos, reunidos a propuesta del editor, que pueden leerse como un itinerario intelectual de intereses y preocupaciones. Sin embargo, más que una simple compilación, el volumen permite reconocer un método de aproximación y una serie de tesis de fondo que atraviesan sus distintas secciones.
El libro está compuesto por cinco capítulos que abordan problemáticas diversas. Los tres primeros son: “La cámara lúbrica”, donde Montero reconstruye la historia de la imagen pornográfica a partir de una suerte de arqueología medial que va desde sus primeros usos fotográficos a comienzos del siglo XX hasta la expansión de internet y la emergencia de un sujeto “súper-voyeur” caracterizado por una disponibilidad aparentemente absoluta de imágenes; “Fotografía desobediente y bastarda”, una genealogía de los memes que rastrea antecedentes en los usos satíricos de la fotografía de fines del siglo XIX, los primeros fotomontajes, su vínculo con las vanguardias y su desafío a las formas establecidas de autoridad; y “Elogio al plagio”, capítulo que funciona como una bisagra dentro del conjunto. Se trata de un ensayo centrado en prácticas artísticas neoconceptuales vinculadas al apropiacionismo y la copia, que deriva en una reflexión más amplia sobre la noción de originalidad. Para ello, Montero pone en diálogo experiencias como UbuWeb —el célebre archivo digital dedicado a preservar y difundir arte experimental— con curatorías postfotográficas como From Here On (2011), enfocada en el reciclaje y reutilización de imágenes producidas y compartidas por usuarios en internet.
Los capítulos cuarto y quinto, “Artistas observando a las máquinas que miran” y “Repolitizar las miradas desde la caverna digital”, comparten un eje temático relacionado con las tecnologías contemporáneas de la visión y sus implicancias políticas. A partir de una genealogía que conecta obras como Mesa de los siete pecados capitales (1505-1510), de Bosch, y Los cinco sentidos (1617), de Brueghel y Rubens, Montero examina cómo las artes visuales han reflexionado históricamente sobre los dispositivos de visión como formas de conocimiento y dominación. La discusión, atravesada por la figura del panóptico foucaultiano, conduce a proyectos curatoriales como Rhetorics of Surveillance. From Bentham to Big Brother (2001-2002), donde distintos artistas y colectivos fueron convocados a pensar las nuevas formas de vigilancia tecnológica. Particularmente sugerente resulta la atención que presta la autora a aquellas obras que observan críticamente a las propias máquinas de visión, interrogando tanto sus capacidades como sus puntos ciegos. En este recorrido aparecen referencias a diversos artistas contemporáneos y al cineasta estructural Michael Snow. Finalmente, el último capítulo avanza hacia una reflexión más teórica sobre la necesidad de repolitizar las tecnologías desde perspectivas neomaterialistas, decoloniales y posfeministas.
Como libro de recorrido, constituye una muestra representativa de las ideas y aproximaciones que Montero ha venido desarrollando en distintos espacios de investigación y escritura. Los textos comparten una comprensión desprejuiciada de lo medial, capaz de poner en relación fenómenos de la cultura bastarda —los memes, el porno, el plagio— con discusiones sobre política estética y los usos tecnológicos del arte contemporáneo. El resultado es una propuesta que aporta frescura crítica, al tiempo que recupera dimensiones históricas y archivísticas frecuentemente relegadas, especialmente en la primera parte del volumen.
En cierto sentido, el libro parece desplazarse desde un horizonte marcadamente benjaminiano —la búsqueda de una imagen profana, la crítica a la originalidad, el potencial político del fotomontaje y las vanguardias— hacia preocupaciones más cercanas a Bernard Stiegler, particularmente en la necesidad de pensar el papel del arte frente a una cultura técnica que tiende a automatizar y proletarizar la sensibilidad.
Sin caer en el pesimismo, y apelando con frecuencia al humor y la agudeza, uno de los principales méritos del libro reside en su capacidad para distanciarse de una comprensión de lo medial basada exclusivamente en la novedad tecnológica. En cambio, propone pensar los medios desde sus usos, tensiones, contradicciones y posibilidades de desvío, encontrando allí una forma singular y productiva de aproximación crítica.
Pinto Veas, I. (2026). De la cámara lúbrica a la caverna digital, laFuga, 29. [Fecha de consulta: 2026-06-08] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/de-la-camara-lubrica-a-la-caverna-digital/1320