Introducción
En Puerto Natales, hablar de cine supone enfrentarse a una dificultad inicial: cuesta encontrar personas que se reconozcan como aficionadas al cine. Lo comprobé durante el verano de 2024, cuando realicé un trabajo de campo en la ciudad con el propósito de investigar cómo las personas se relacionan con el cine en un territorio extremo de Chile 1El presente artículo se desarrolla en el marco del proyecto FONDECYT 1211594: “Públicos de cine en Chile: cultura cinematográfica, cinefilia y procesos de formación”, orientado a comprender cómo las comunidades del país se han vinculado históricamente con el cine desde sus experiencias, memorias y prácticas cotidianas. La investigación comenzó con entrevistas a personas mayores de 40 años que se consideraran aficionadas al cine. Sin embargo, al enfrentarse a esta dificultad se debió ampliar el criterio para incluir a quienes tuvieran algún tipo de experiencia de ir al cine en la ciudad. De este modo, logré entrevistar a 4 personas de manera individual (3 adultas mayores y un hombre mayor de 50 años)2Años de nacimiento de menor a mayor: 1935, 1955, 1959, 1969 y realicé una entrevista grupal en un centro de adultas mayores 3Años de nacimiento van desde 1933 a 1958, son un total de 11 participantes.
Este trabajo de campo tuvo un enfoque etnográfico: se conversó con personas de distintas edades acerca de su relación con el cine y se visitó la sala de cine Estrella, inaugurada el año 2020 después de 30 años sin espacios de exhibición. Durante esas visitas se asistió a una función, se observó el funcionamiento cotidiano del cine y se conversó con su administrador sobre la asistencia de público y la programación.
Además, la investigación se apoyó en el libro Natales: cien años de historias (2011) de José Luis Ampuero, Edgardo Cea y Pedro Cid, que reúne una parte importante de la historia local de las salas de cine. A partir de esta investigación fue posible visitar los lugares donde esos cines ya no están y de los cuales no queda ningún vestigio en la actualidad.
La investigación articuló de tal manera que la reconstrucción de la historia cinematográfica de Puerto Natales no se limita a registrar fechas o recintos, sino que busca comprender cómo el cine ha sido vivido, recordado y significado por sus habitantes (Kuhn, 2002). En ese contexto, se identificaron continuidades y discontinuidades en la presencia de espacios de exhibición en la zona, así como una fuerte tendencia al desinterés por el cine como práctica cultural. A partir de este panorama surgió una pregunta central: ¿por qué existen niveles tan bajos de interés en el cine en Puerto Natales?
Desde esta perspectiva, el artículo propone la hipótesis de que los no-públicos de cine en Puerto Natales se explican, en parte, por la ausencia de espacios estables de exhibición históricas y por la falta de constancia en las prácticas de asistencia al cine 4“Los no-púbicos son personas que no participan en las organizaciones culturales porque no poseen un interés creado por la oferta artística y la participación cultural (…) Son personas que no han tenido experiencias previas y enfrentan barreras de acceso que condicionan su implicación o vinculación con organizaciones o espacios” (MINCAP, 2021) . La intermitencia de esos espacios —junto con la escasa variedad programática y la imposibilidad de generar rutinas compartidas— estaría dificultando la formación de una cultura cinematográfica sostenida y, por ende, de una práctica que forme parte de la vida cotidiana de las personas.
En este sentido, propongo una lectura del caso de Puerto Natales como ejemplo de cómo la inconstancia espacial y temporal en las prácticas de exhibición afecta la formación de públicos y de una cinefilia local. De este modo, se concluye que hacen falta espacios regulares de formación de públicos que permitan consolidar la afición por ir al cine como un hábito. A partir de esta hipótesis, invito finalmente a reflexionar sobre los vínculos entre memoria, espacio y cultura cinematográfica en territorios no metropolitanos de Chile.
Testimonio de salas de cine en Puerto Natalas (1961)
Romeo Mattoni Batch fundador salas de cine en Puerto Natales y Punta Arenas
Salas de cine y exhibición cinematográfica en Puerto Natales: una breve historia
La historia de las salas de cine en Puerto Natales estuvo marcada por avances e interrupciones, configurando un panorama discontinuo que, como se verá más adelante, puede ayudar a explicar la escasa tradición cinéfila de la ciudad. La primera sala registrada fue el cine Selecto (Ampuero, Cea y Cid 2011), inaugurado en 1916, donde se exhibían películas silentes acompañadas por música en vivo interpretada en piano, pianola o violín. Dos años después, en 1918, abrió el cine teatro Electra, ubicado en las calles Eberhard y Barros Arana, en el centro de la ciudad, que también proyectó cine silente durante algunos años. Más tarde apareció el cine teatro Apolo, espacio que combinaba películas con espectáculos musicales y veladas de boxeo. Con el tiempo, todos estos recintos cerraron, aunque existe escasa documentación sobre su funcionamiento y sobre las fechas precisas en que dejaron de operar.
Otra sala relevante fue el teatro Libertad, conocido como Teatro Obrero o Teatro del Pueblo, perteneciente al Sindicato de Campo, Frigoríficos y Oficios Varios. Comenzó a proyectar películas en 1936 en un edificio que contaba con butacas de madera, sillas tapizadas y decoraciones con paisajes regionales pintados por un vecino. Además de exhibir cine, realizaba veladas artísticas organizadas por obreros y aficionados locales, junto con presentaciones de boxeo. Así lo confirma una de nuestras entrevistadas, María (2024), quien recuerda las veladas musicales, en tiempos en que el cine teatro ya estaba en decaimiento:
“Yo cuando lo conocí ya estaba en decaimiento el cine, estaba en decaimiento. Incluso, mis hermanos eran músicos, tocaban acordeón (sic), guitarra, y yo, con mi otra hermana, nosotros ahí, en ese cine, fuimos a cantar, ellos tocaban, mis hermanos, y nosotros cantábamos, (…) alcancé a ir a cantar. Pero, se usaba para puros actos, no pasaban películas.” (María, 2024) 5Año de nacimiento: 1935; 27 de febrero 2024; casa de María, Puerto Natales.
Finalmente, este espacio desapareció tras el Golpe de Estado de 1973, que obligó a cesar sus funciones.
En 1934 se inauguró el cine más emblemático de la ciudad: el Palace, ubicado en la misma esquina de Eberhard con Barros Arana, en el caserón que antes albergó el cine teatro Electra. Su apertura, con la película sonora Cabalgata (Frank Lloyd, 1933, Estados Unidos), marcó un hito en la historia cultural local al ser una de las primeras películas sonoras exhibidas en la ciudad. Al igual que los recintos mencionados antes, el Palace combinó el cine con espectáculos artísticos, culturales y deportivos (Ampuero et al., 2011). Además de proyectar películas, funcionaba como un lugar de encuentro social:
“Al cine se iba también a socializar, sobre todo en los intermedios, donde saboreando un dulce, tomando un café o simplemente haciendo amistades se charlaba o se comentaba con el amigo o el conocido los pormenores de las escenas ya vistas o bien temas de contingencia y del diario vivir.” (Ampuero et al., 2011, p. 195)
En esta sala se proyectaron grandes títulos, como Lo que el viento se llevó (1939) y la película mexicana Allá en el Rancho Grande (1936), una de las más vistas, con doce días en cartelera y más de 12.500 espectadores (Ampuero et al., 2011). Además, resulta importante destacar el trabajo de públicos que realizaba la sala: desde la atención cordial hasta los sorteos de entradas y premios que el dueño, Bruno Mattioni, organizaba durante las funciones de gala de aniversario.
Durante esos años, Puerto Natales contó con un panorama cinematográfico activo. Sin embargo, todo cambió la noche del 29 de julio de 1969, cuando un incendio destruyó el Palace. Desde entonces, la ciudad no volvió a tener una sala de cine convencional por casi cincuenta años.6Podría pensarse que la no reapertura del Palace, así como la ausencia de nuevas salas de cine en Puerto Natales, estaría vinculada a diversos factores: por un lado, a la coyuntura del fin del sistema clásico de distribución en Estados Unidos; por otro, a las políticas cinematográficas en Argentina; y, finalmente, al contexto político que atravesaba el país en ese período. No obstante, hasta ahora la información disponible se limita a lo expuesto en este párrafo, por lo que las hipótesis mencionadas podrían constituir líneas de investigación para futuros proyectos.
Tras el incendio, el administrador Manuel Suárez Arce intentó mantener la exhibición arrendando el gimnasio del Club Deportivo Natales, pero el Golpe de Estado de 1973 y los estados de excepción posteriores impidieron la continuidad de la actividad cinematográfica.
Cine Palace (sin fecha). Del grupo de Facebook “Punta Arenas en Blanco y Negro” 17.12.2025
Noticia incendio Cine Palace
Registro incendio Cine Palace. Del grupo Facebook NUESTRO PUERTO NATALES “DE ANTAÑO Y SUS CAMBIOS A TRAVES DE LOS AÑOS
Otra iniciativa alternativa destacada fue la de la Congregación Salesiana, conocida coloquialmente como los curitas, que entre fines de los sesenta y los noventa exhibió películas en el gimnasio del Colegio Monseñor Fagnano. Las funciones se realizaban los fines de semana y la programación —centrada en westerns italianos, musicales latinoamericanos y filmes de artes marciales— se anunciaba en la pastelería El Telégrafo, ubicada en el centro de la ciudad.
La entrevistada Verónica recuerda especialmente esta época:
“Y ahí igual pasaban, ahí pasaban más películas de cowboy, porque a la gente de edad, a los hombres, a ellos les gustaban las películas de cowboy, a mi papá le encantaban las películas de cowboy. Si que cuando él quería ir a ver alguna película que él quería ir a ver, ahí nos llevaba, nos llevaba en la noche que empezaba a las nueve (…) íbamos con papá y mamá, y nosotras dos hermanas (…)” (Verónica, 2024)7Año de nacimiento: 1955; 04 de marzo 2024; casa de Verónica, Puerto Natales.
En este contexto aparece otro fenómeno relevante: la llegada de la televisión después de los años sesenta, contemporánea al funcionamiento de los curitas. Al respecto, María menciona su irrupción y la manera en que esta afectó su asistencia a las funciones:
“No, íbamos siempre, de vez en cuando, hasta que llegó la televisión (…) Llegó la televisión y empezaron a pasar películas en la televisión y nos quedamos, yo creo que todo el mundo se quedó (…) en casa. Y ahí el cine como que se fue abajo.” (María, 2024) 8Año de nacimiento: 1935; 27 de febrero 2024; casa de María, Puerto Natales.
Tras la desaparición de los curitas en los años noventa, no existieron espacios de proyección hasta el año 2020. Sin embargo, en 2002 surgió otra iniciativa importante, la Muestra de Cine en la Patagonia, fundada por el actor Luis Alarcón. El evento logró reunir a miles de espectadores y acercar el cine chileno a la comunidad. Aun así, seguía siendo una actividad temporal y no una infraestructura permanente.
Cine Estrella
Finalmente, en 2020 se inauguró la multisala Estrella, sede Puerto Natales. El cine, con dos salas que funcionan simultáneamente, se ubica en pleno centro de la ciudad, exhibe estrenos nacionales e internacionales y mantiene un activo comercio en su área de confitería, donde los natalinos compran dulces y helados incluso sin asistir a las funciones. Durante mi estadía en la ciudad observé una baja asistencia al cine y una cartelera inestable, que cambiaba constantemente y dificultaba la planificación del público. Incluso algunos estrenos anunciados no llegaban a exhibirse. Estas situaciones dan cuenta de la frágil relación que hoy existe entre el ir al cine y la vida cotidiana natalina.
Puerto Natales y Punta Arenas, ¿quién se interesa más por el cine?
A lo largo de la investigación, las pocas personas entrevistadas que manifestaban una relación más intensa con el cine compartían un rasgo significativo: su experiencia no se había formado del todo en Puerto Natales, sino en Punta Arenas. Esa diferencia no es menor. Mientras Natales conoció largos vacíos de exhibición, Punta Arenas sostuvo en su historia una red de salas de cine mucho más continua, capaz de convertir la asistencia al cine en un hábito más reconocible.
Los datos de la Encuesta de Participación Cultural (2017) ayudan a leer esa diferencia en clave contemporánea. Más que una mera cifra, muestran la distancia entre una ciudad donde el cine ha logrado cierta continuidad y otra donde la relación con la sala sigue siendo frágil.
La brecha es clara, solo un 14,28% de las personas encuestadas en Puerto Natales declaró haber ido al cine en los últimos doce meses, muy por debajo de Punta Arenas (40,19%) y del promedio regional (44,4%). La cifra no explica por sí sola el problema, pero sí confirma algo que el trabajo de campo ya dejaba entrever: en Natales, el cine no se ha consolidado como práctica cotidiana.
Puerto Natales: ¿una ciudad sin cinéfilos?
El análisis del caso de Puerto Natales muestra cómo la falta de espacios estables de exhibición ha dificultado el desarrollo de una cultura cinematográfica en la ciudad. La historia local está marcada por aperturas y cierres de salas, incendios y largos períodos sin cine, desde el Selecto en 1916 hasta la llegada de la multisala Estrella en 2020.
Estas interrupciones ─tanto históricas como contemporáneas─ han afectado la posibilidad de que ir al cine se transforme en una costumbre cotidiana. Cuando no existen espacios permanentes ni funciones regulares, resulta difícil formar públicos estables y una afición duradera por el cine. El gusto por el cine no depende sólo del interés personal, sino también de contar con espacios donde esa experiencia pueda compartirse (Jullier y Leveratto, 2012). En Puerto Natales, esas condiciones han sido frágiles e intermitentes, incluso en experiencias alternativas como las funciones organizadas por los curitas, que funcionaban de manera esporádica y con una programación limitada.
Durante la investigación realizada en 2024 fue evidente que el cine no ocupa un lugar central en las prácticas culturales de las y los natalinos. Las dificultades para identificar entrevistados muestran que la afición por el cine no se ha configurado históricamente como un hábito social extendido. Las discontinuidades en la disponibilidad de salas y la coyuntura clave de la desaparición del cine Palace, una de las salas más emblemáticas y estables en la historia de Puerto Natales, generaron una fractura en la memoria cultural (Kuhn, 2002), es decir, el cine, como práctica social, no ha logrado inscribirse de manera estable en la vida de la comunidad.
El incendio del Palace marca un antes y un después en la formación de públicos de cine. Las funciones son recordadas como eventos sociales, donde el cine era un punto de encuentro más que un consumo individual. Estas memorias remiten a una forma de experiencia donde el cine se integra en la dimensión emocional y afectiva de la vida cotidiana (Kuhn, 2002). Sin embargo, la ausencia prolongada de espacios de exhibición rompió ese vínculo, desplazando el acto de ver cine al ámbito doméstico.
En ese sentido, no se ha desarrollado un hábito social consolidado de ir al cine ─un habitus cinematográfico─, el cual se desarrolla a partir de hábitos y experiencias repetidas que influyen en los gustos y formas de relacionarse con el cine (Bourdieu, 1998). En este caso, la irregularidad histórica de las salas y la falta de programación diversa en la actualidad han obstaculizado que ir al cine se convierta en una práctica internalizada. No se trata de un desinterés por el cine, sino de una falta de oportunidades culturales que han permitido que la experiencia de ir al cine se convierta en un hábito.
Por su parte, los datos de la Encuesta de Participación Cultural (2017) refuerzan esta lectura. Mientras que el promedio regional de asistencia al cine alcanza el 44%, en Puerto Natales sólo el 14,28% declara haber asistido a una función durante el último año. La diferencia sustantiva con Punta Arenas (40,19%) –que ha contado con una infraestructura cinematográfica estable– es significativa y permite pensar que el acceso regular, tanto físico como simbólico, a salas de cine incide directamente en la formación de públicos.
Las observaciones etnográficas en la multisala Estrella también evidencian factores estructurales que limitan la consolidación de un público estable en la actualidad. La ausencia de una programación fija, la escasa diversidad de títulos y la percepción del cine como un espacio de venta de golosinas más que de ver películas impiden que se genere una rutina cultural sostenida. Si bien el cine Estrella representa la recuperación de un espacio físico, su funcionamiento no logra reproducir el rol social que en otro tiempo tuvo el Palace. Las salas de cine no son solo edificios. También son espacios de encuentro que necesitan continuidad para formar costumbres y públicos (Allen, 2010). En esa misma línea, la ausencia de instancias de mediación y formación de públicos en la sala refuerza este problema.
Por su parte, es importante destacar las formas alternativas de exhibición. En Puerto Natales, iniciativas como las proyecciones de los curitas o la Muestra de Cine en la Patagonia funcionaron como tácticas que buscaron suplir la ausencia de salas permanentes. Sin embargo, su carácter temporal y dependiente de esfuerzos individuales impidió que se transformaran en estructuras duraderas, dando cuenta de la fragilidad de este tipo de proyectos cinematográficos locales y la dificultad de constituir un circuito estable en este contexto periférico.
El caso de la exhibición salesiana es especialmente ilustrativo. Aunque funcionó durante casi veinte años, su desarrollo en un gimnasio escolar –usado para otros fines durante la semana– limitó su potencial como espacio de exhibición de cine emblemático (Allen, 2006). La falta de acondicionamiento y la programación restringida a géneros específicos, como westerns y musicales latinoamericanos, redujeron las posibilidades de formación de una cultura cinematográfica diversa, al no contar con mayor diversidad programática que pudiera permitir la exploración de parte del público.
La historia del cine en Puerto Natales no se define por la estabilidad de sus salas, sino por los constantes vacíos, cierres e interrupciones que ha atravesado a lo largo del tiempo. En lugar de constituirse como un hábito continuo, el cine ahí ha sido una experiencia que aparece y desaparece. Cada intento de activación ha generado temporalmente un espacio de encuentro, pero ninguno ha logrado consolidarse como una estructura permanente. El resultado es un paisaje cultural fragmentado, donde la memoria del cine no parece ser especialmente significativa. Esta condición espacial de discontinuidad explica, en gran parte, el escenario local de los no públicos de cine.
En suma, la cinefilia, entendida como vínculo entre memoria, placer y sociabilidad, requiere infraestructuras, rutinas y espacios que la sostengan de manera continua. En Puerto Natales, la escasez de estos elementos ha dado lugar a una relación intermitente con el cine: una práctica que aparece y desaparece en los espacios que la albergan. Más que la ausencia de interés, lo que se observa es la ausencia de condiciones estructurales que permitan transformar el gusto por el cine en una práctica habitual y compartida. La ciudad, por lo tanto, no carece de público, sino de un espacio donde ese público pueda formarse.
Conclusiones
El trabajo realizado en Puerto Natales permitió observar de qué manera la falta de continuidad histórica de los espacios de exhibición ha dificultado la formación de públicos y el desarrollo de una cultura cinematográfica local. Sin embargo, este análisis debe leerse desde una investigación acotada en el tiempo y basada en un número reducido de entrevistas, todas ellas realizadas a mujeres adultas mayores. Este hecho implica un sesgo relevante, ya que las experiencias cinematográficas femeninas presentan particularidades que también han sido identificadas en otras etapas del proyecto de investigación. En Chile se ha observado que las mujeres tienden a asistir menos al cine, raramente lo hacen solas y, en muchos casos, abandonan esta práctica al casarse o tener hijos. Los hombres, en cambio, suelen mantener la asistencia como una actividad independiente y constante. Esta diferencia de género no fue una excepción en Puerto Natales, donde los relatos femeninos refirieron al cine más como un recuerdo del pasado que como una práctica sostenida en el presente.
Por su parte, es importante destacar la urgencia de realizar más investigaciones sobre las prácticas de ir al cine en zonas no metropolitanas y extremas del país. Si bien el proyecto FONDECYT ha sido pionero en reconstruir la historia social de los públicos del cine en Chile, aún persiste un vacío importante respecto de cómo se vive y se ha vivido el cine en regiones como Magallanes, donde resulta fundamental el desarrollo del estudio local. Es preciso conocer cómo las prácticas de exhibición fuera de sala —gimnasios, escuelas, iglesias o proyecciones itinerantes— afectan la experiencia y la memoria cinematográfica, y de qué manera contribuyen —o no— a la formación de públicos. Cada territorio produce su propia relación con el cine, mediada por su geografía, su infraestructura y su contexto social.
En ese sentido, este artículo propone una hipótesis que requiere mayor profundización: la falta de espacios estables y de rutinas compartidas impide la formación de un habitus cinematográfico local, por lo que será necesario realizar nuevos estudios en el territorio.
Finalmente, comprender cómo los espacios, las memorias y las desigualdades influyen en las formas de ver cine permitirá avanzar hacia una historia más compleja y descentralizada de los públicos cinematográficos en Chile.
Bibliografía
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