Escuela de espectadores de cine chileno

Los públicos como protagonistas

Por Sebastián Cartajena Alvarado

Biografía +

Realizador en Cine y Televisión. Diplomado en Mediación Cultural del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Co-Fundador y Director Artístico del Festival de Cine Chileno FECICH. Creador de la Escuela de espectadores de cine chileno de FECICH. Ha trabajado como Encargado de Mediación y Públicos en distintos festivales como Ojo de Pescado o el Festival internacional de cine Recobrado de Valparaíso.


 
Resumen:

El cine chileno siempre ha estado lleno de prejuicios: que se escucha mal, que es solo sobre dictadura, puro sexo o garabatos. Es lo que se escuchaba hace más de 30 años atrás, y se sigue escuchando todavía en algunos casos. Por eso cuando se pensó en realizar un festival de cine chileno, y más aún sostenerlo en el tiempo, en una ciudad como Quilpué, se consideró como un simple sueño de jóvenes recién egresados de la universidad. El correr de los años transformó este sueño en una realidad y con resultados que superaron las expectativas de los propios creadores. Porque ya no se pensaba en un festival de cine, sólo con películas chilenas que pudieran atraer a los públicos a la sala, sino que estos pudieran sentirse partícipes y parte de algo más que ver películas. La creación de una Escuela de Espectadores ha permitido distinguir a FECICH por sobre otros certámenes de cine, forjando la creación de Jurados y Moderadores Ciudadanos, de públicos reflexivos, participativos y que rompen los esquemas del asistir a ver cine chileno. Hoy en día, cuando es cada vez más difícil que los públicos vayan al cine, FECICH cumple una labor trascendental.

 
 

Quilpué, la ciudad del sol. Ciudad dormitorio, al alero de Viña del Mar y Valparaíso. Recuerdo la matiné en el ex-Teatro Velarde cuando mi tío me llevaba, siendo niño, a ver Tom & Jerry. Pero antes, a comprar los dulces de violeta en la confitería de la esquina. Recuerdo además que me llamaba mucho la atención la programación de los cines que aparecían en los diarios, no sólo de mi ciudad, sino también de las de Santiago. Me imaginaba cómo serían esas salas. Era una extraña fijación con el cine. A pesar que el Velarde era una sala vieja ya en ese momento, había algo especial de ver “los monitos” que uno veía en televisión, verlos en el cine. No sé si sería la pantalla grande, la oscuridad o el misterio de compartir una película con desconocidos. Quizás siempre fue un todo y no simplemente nostalgia. Más tarde, seguí yendo al cine, al Velarde de Quilpué, al Olimpo y Rex de Viña del Mar, al otro Velarde que había en Valparaíso. Pero lo que era cotidiano, era el arriendo de películas en VHS, las cuales terminaron transformando mis tardes de infancia y adolescencia. Todos los fin de semana se arrendaban películas en distintos videoclub (de barrio o del centro de la ciudad). Un ritual que me transformó en estudiante de cine, en realizador, y quien diría, en un difusor y mediador del cine nacional.

Es en esa misma ciudad donde crecí, es donde decidimos fundar un Festival de Cine, el Festival de Cine Chile, que con más ganas que otra cosa, logramos levantar las primeras versiones. Una primera versión que nació por la necesidad de que la “gente del interior” (como se le llama a las personas que vivimos en Quilpué o Villa Alemana) siempre teníamos que ir a ver cine a Viña o Valparaíso. Queríamos que Quilpué y sus alrededores se transformaran en un epicentro del cine chileno. Y no fue fácil, porque ni las personas sabían lo que era un festival de cine, ni nosotros teníamos tan claro cómo se debía hacer un festival.

Desde sus inicios, el Festival de Cine Chileno, FECICH, se propuso un importante desafío: que el público de Quilpué -y sus alrededores- asistiera a ver cine chileno, desafío casi irrisorio considerando las desalentadoras cifras de nuestro cine en las salas. Sin embargo, con el correr de los años, sucedió lo impensado en Quilpué; filas para ver una película chilena, funciones agotadas y conversatorios que se alargaban pasada la medianoche.

Los públicos se transformaron en el espíritu del Festival

José Román, guionista chileno de cintas como Valparaíso mi amor, Aldo Francia, 1969 o Ya no basta con rezar, Aldo Francia 1972, me dijo una noche, luego de ser homenajeado en FECICH 8 (noviembre, 2015): “Lo que pasa acá en Quilpué es inusual”. Había estado durante varias mañanas, realizando un taller sobre el cine de Raúl Ruiz, y me dio a entender que los públicos que habían asistido eran muy diversos; dueñas de casa, jubilados, estudiantes universitarios. Todos hablando del cine de Ruiz, en una escena que me describió como surrealista, tal como si de una de sus películas se tratase.

Pepe Román había abierto una puerta. Pero también nos permitía darnos cuenta del valor que había en la gente de Quilpué. Un suceso extraño y particular, dio vida a lo que más tarde se transformaría en una Escuela de Espectadores de Cine Chileno. Un año después, Sergio Bravo diría en el escenario del festival, mientras era homenajeado: “No debería llamarse Festival de Cine Chileno, sino festival de los cines chilenos… porque hay muchos tipos de cine que se realizan en nuestro país”.

Mientras todo esto ocurría, el Municipio de Quilpué compraba el Teatro Velarde, lo salvaba de terminar como un Supermercado. Luego de varios años de obra y restauración, pasaría a convertirse en el Teatro Municipal de la ciudad. La transformación de este teatro, también transforma el festival. Viajo a Santiago y me reúno con Javier Ibacache con quien hablamos largamente de cómo se comportan los públicos en Quilpué. Me sugiere entonces hacer una Escuela de Espectadores. “de cine chileno”, le dije.

Se cumple una década de FECICH. La celebración no puede ser menor: la restauración del ex-Teatro Velarde, el ímpetu de conocer el nuevo espacio, y de volver a reencontrarse en ese espacio que llenó la vida de muchas personas de la ciudad desde la década del 1940, volvían a llenarse de vida. No era solo un nuevo teatro, también era un nuevo festival, y también el nacimiento de nuevos públicos y nuevas formas de participación en lo que sería el nacimiento de una primera Escuela de Espectadores de Cine Chileno.

 La creación de una Escuela de Espectadores de Cine Chileno nace entonces como una necesidad para los públicos de nuestro festival; Porque a pesar de que el cine chileno lleva más de 100 años de historia, y en la última década su producción y difusión se haya acelerado e intensificado, hasta culminar con el Oscar a la Mejor Película Extranjera, siempre ha sido complejo para el espectador nacional, crearse una visión del cine chileno. Y justamente son esas visiones las que siempre ha buscado la Escuela de Espectadores.

Desde ese momento, la Escuela se instaura como un espacio en una constante búsqueda de la formación y participación de los públicos en base al cine nacional, a través de la generación de instancias que permitan a los públicos disfrutar, reflexionar y aprender las diferentes formas (narrativas, estéticas, temáticas) que históricamente el cine chileno ha intentado reflejar en las pantallas, además de incentivar en los públicos un rol activo en la construcción de sentidos dentro de sus comunidades, proponiendo espacios para la escritura crítica, la reflexión colectiva y la co-programación de cine chileno en sus territorios.

Entre 2018 y 2019, se realizó un estudio de públicos del Festival de Cine Chileno,1 Realizado por las investigadoras María Paz Peirano y Marcela Valdovinos en el marco de colaboración con el proyecto Fondecyt nº 11160735 “Festivales de Cine: Experiencias de Formación y Expansión del campo cultural chileno” que buscaba comprender de qué manera las instancias educativas en los festivales de cine permiten la transmisión efectiva de valores, percepciones y conocimiento cultural en el campo del cine chileno. 

Este estudio dio origen a importantes cambios en el festival, pero particularmente en cómo los datos que nos entregaron, han sido fundamentales para sostener los principios que han hecho de FECICH un certamen con un sello distintivo en la formación y el desarrollo de públicos. Amparado bajo un gran paraguas que es la Escuela de Espectadores.

Para la edición del libro sobre los cinco primeros años de la Escuela de Espectadores de Cine Chileno, Programa de desarrollo y formación de públicos, María Paz Peirano escribió:

“Si pudiéramos resumir en una sola palabra cuál fue la sensación principal de las personas que asistieron a la Escuela, ésta sería alegría: alegría de aprender, de conocer, de vincularse con otros y de participar en un encuentro cultural. Este entusiasmo se manifestaba en su intervención dentro de la discusión, sus sonrisas y el cariño que expresaron en las entrevistas realizadas. El secreto del éxito de la Escuela parece encontrarse en dos actitudes fundamentales: Primero, su amplia accesibilidad, tanto en términos económicos (gratuidad), como espaciales (la cercanía física y comodidad del teatro Juan Bustos), emocionales y simbólicos (el cariño y confianza en los organizadores). Segundo, la estrategia educativa de la Escuela, que se organizaba de manera abierta y horizontal, potenciando la reflexión de todos sus participantes, sin importar su nivel de conocimientos previos en torno al cine. La Escuela buscaba guiar las conversaciones, valorando la diversidad de puntos de vista de quienes asistían, sin buscar imponer una sola mirada sobre el cine. Este cuidado ayudó a desarrollar la autoestima y la seguridad de sus participantes, quienes muchas veces pasaron de tímidos observadores, a ser espectadores/as que podían ejercer con tranquilidad su derecho a realizar un juicio crítico (tanto estético como social), sobre las películas vistas.”2Centro Cultural Quilpué Audiovisual, 2022, p. 11 

Este trabajo con los públicos, si bien surge mucho desde la intuición, también surge de la mirada al territorio, a su gente y los hábitos de vida de estas personas. Es por ello que también el Festival fue mutando a lo largo de los años, cambiando los horarios de las exhibiciones, ampliando los tiempos para los espacios de conversación entre los públicos y los equipos realizadores de las películas, incluso cambiando las fechas a distintas épocas del año, y terminando por ser un certamen realizado en verano. Pero si hay un elemento que lo cambió todo dentro de esta estructura que significó la “Escuela de Espectadores”, fue la creación de un Jurado Ciudadano.

Elegido democráticamente entre quienes deseaban ser parte, este jurado, compuesto por siete personas, tenía la misión de evaluar y entregar un premio al Mejor Largometraje de la “Competencia Radiografía Nacional”.  Fue quizás la primera aproximación, y más cercana, a algo que en ese tiempo aún estaba en pañales: la co-participación de los públicos, dentro de un esquema tan hermético como suelen ser los diseños de los festivales de cine. Pero esta nueva forma de organización del festival trajo consigo cambios positivos: ya no era solo el público opinante, sino que ahora partícipe de las decisiones dentro del certamen.

La Escuela, guiada desde su segunda versión por el crítico de cine Christian Ramírez, ha sostenido un principio de ser un espacio horizontal, donde se habla, discute y reflexiona sobre el cine chileno. A partir de entonces, han nacido instancias como la escritura de textos críticos sobre diversas películas chilenas, y que además han sido publicados en medios especializados de cine. 

Christian Ramírez sostiene en el mismo libro de la Escuela de Espectadores de Cine Chileno:

“Fue iniciada esta tarea que, como equipo, nos dimos cuenta de algo más. Algo clave. Es cierto: un festival de cine son sus películas, pero su audiencia también es parte esencial de la ecuación. Y, en orden a entender mejor a esa audiencia, saber qué le interesa y qué la motiva a asistir cada año al evento, es necesario iniciar un diálogo con ella, una conversación que se lleve a cabo de forma directa y constante. Esa fue la motivación tras la iniciativa de los talleres de formación del FECICH.”3Centro Cultural Quilpué Audiovisual, 2022, p. 17

La apuesta de FECICH, la Escuela de Espectadores y sus públicos, se mantuvo en crecimiento año a año. Hasta que los efectos de la pandemia hicieron lo suyo. Para nadie es desconocido que la pandemia cambió en gran medida los hábitos de ver y asistir al cine. Fue un período crítico para muchos para quienes habíamos construido un camino en torno a ver cine en la sala oscura. Y no es menor que estos efectos hayan durado varios años posterior al regreso a la “normalidad”. Lo que sí es cierto, es que esos cambios apostaron por crear nuevas experiencias que permitieran que los públicos volvieran paulatinamente a reencontrarse en los cines. Muchos apostaron por modalidades híbridas, festivales que combinaban actividades presenciales y digitales, las cuales nunca terminaron de convencer, y mucho menos, responder al espíritu que se había venido gestando desde la creación de la Escuela de Espectadores.

El mismo año que FECICH volvió a la presencialidad, se optó por la creación de un taller (dentro de la Escuela de Espectadores) que facilitara herramientas para la Curatoría Participativa. Para ello el festival pre-seleccionó ocho largometrajes, películas que debían ser vistas por los participantes del taller, para posteriormente realizar una selección de cuatro largometrajes, que pasarían a ser parte de una nueva Franja: la “Muestra Públicos del Futuro”. 

La instancia dentro del taller fue un éxito. Tal fue que los participantes nos propusieron realizar algo más: ser moderadores de los espacios de conversación de las películas que habían seleccionado. Así nacieron los Moderadores Ciudadanos.

Con todo lo que estaba ocurriendo, dentro de la organización también se discutían nuevas formas de evaluación de las competencias. El resultado de esta discusión fue el nacimiento de un nuevo Jurado Ciudadano, ya no solo que concediera un premio como una mención. En este caso, se propició que este Jurado sería el principal, y que serían quienes otorgarían los premios principales de la Competencia, a Mejor Largometraje y Cortometraje.

El regreso a la presencialidad, y el ofrecer nuevas formas de participación, había regresado la motivación a los públicos, los había vuelto a conocer con lo que se denomina como “el ritual de ir al cine”. Ese ritual, que viene heredado de nuestros abuelos o bisabuelos. Donde asistir al cine se traduce en un acontecimiento importante, donde se viste especial para la ocasión, donde se destina una gran cantidad de tiempo en el traslado del hogar al espacio cultural, al visionado de la película, a un conversatorio donde además se es partícipe, y donde incluso, cuando ya se sale de la sala, la conversación continúa, en un café o de regreso en el hogar.

“… me empezó a interesar mucho y yo decía todo lo que me perdí de mi vida, y recién venir a descubrir que ahí hay historias, hay todo lo que pasa en nuestra sociedad, se ve. Y aprendí mucho y me inscribí al curso, yo dije aquí me van a enseñar a ver el cine, no falté ningún día, y de ahí me transformé ya, en la casa no podían creer todo lo que me estaba pasando y cómo llegaba, yo llegaba a comentarle lo que había visto en el cine. Entonces “cómo, cómo no, no ven esto”, decía yo (…) Por eso te digo, me perdí no sé cuánto tiempo de mi vida creyendo que no me gustaba el cine.” (Mujer, 64) 4Entrevista a mujer participante de la Escuela de Espectadores, desarrollada como parte del Proyecto Fondecyt nº 11160735

Durante estos nueve años de la Escuela de Espectadores de Cine Chileno, los públicos han cambiado, se han diversificado y también se han vuelto más exigentes y demandantes a la hora de su participación dentro de FECICH. No se trata solo de realizar talleres, de conceder herramientas o de transmitir conocimientos, sino de un trabajo significativo en la Mediación Artística y Cultural junto a los públicos de Quilpué y sus alrededores. A sus 18 años, FECICH no se puede imaginar ni diseñar sin tener todo lo que hemos podido relatar a través de este texto, es un camino que debe seguir construyéndose junto a los públicos. Y ese camino, ese futuro no se puede construir sin tener en mente aquellas primeras exhibiciones que alguna vez vi en el Teatro Velarde, junto a mi tío, viendo Tom & Jerry.

Bibliografía

FECICH, (2022) Escuela de Espectadores de Cine Chileno. Programa de desarrollo y formación de públicos. Centro Cultural Quilpué Audiovisual

Peirano, María Paz y Valdovinos, Marcela en el marco de colaboración con el proyecto Fondecyt nº 11160735 “Festivales de Cine: Experiencias de Formación y Expansión del campo cultural chileno”

 

 
Como citar:
Cartajena Alvarado, S. (2026). Escuela de espectadores de cine chileno, laFuga, 29. [Fecha de consulta: 2026-05-26] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/escuela-de-espectadores-de-cine-chileno/1290